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Historias llenas de tesón y sacrificio


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Tatiana quiere ser chef; Estéfany, actriz y Agustín, mecánico. Provienen de distintos lugares del país y son los tres escolares que obtuvieron premios individuales en el marco del programa “Cero Falta”, impulsado por Primaria, Antel y Unicef.

Agustín Santos de 10 años es uno de los tres escolares que recibieron el premio “Cero Falta”. Foto. cep.edu.uy

“Esto es una responsabilidad enorme”, fue lo primero que dijo Ana Calderón, ni bien le entregaron a su hija el primer premio del concurso Cero Falta.

Las tres historias individuales que ganaron el concurso, hablan de sacrificio, responsabilidad y de madres “que contrastan sus propias historias con las de sus hijos”, tal como dijo el director de Primaria, Héctor Florit.

“Mi madre siempre nos dice que tenemos que estudiar para no ser como ella, que anda rodando por la vida”, dijo Florencia Tatiana Acevedo (11), primer premio del concurso Cero Falta, que cursa quinto año en la escuela 232 en Solymar.

Tatiana se levanta todos los días a las seis de la mañana, se la|va la cara, los dientes y despierta a sus hermanos. En su casa, en Solymar, no tienen agua potable y recién hace poco más de un mes tienen luz eléctrica.

“Yo lo único que les inculco a los tres es que tienen que estudiar. Es la única obligación que tienen ahora, porque sino después en la vida no les camina la cosa”, cuenta Ana, madre de Tatiana.

Para mantener a sus tres hijo Ana vende pescado en un puesto próximo a la costa. Trabaja todo el año de eso. “Siempre tengo que esperar a ver qué me traen del agua y ahí me pongo a vender por teléfono”, cuenta.

Semanas atrás, el Consejo de Educación Inicial y Primaria, anunció a los ganadores del concurso Cero Falta, una meta que Tatiana se había puesto desde que inició el año.

“Ese día fue único porque nos pusieron la luz. Fue una emoción todo junto. Ella no sabía nada”, cuenta Ana.

Cuando Tatiana recibió la noticia, no lo podía creer. “¿En serio gané el concurso? ¿De verdad? Si yo nunca gané nada mamita”, dijo la niña cuando su madre le dio la noticia.

“Yo me esfuerzo todos los días, por mi, por mis hermanos, pero la que más se esfuerza es mi madre. Porque, ¿viste cuándo te dicen que estas en la lona porque estas mal? Bueno nosotros a veces estamos abajo de la lona, pero por suerte siempre tenemos un plato de comida en la mesa”, cuenta Tatiana.

“Con esto yo conseguí una meta. Yo me esfuerzo y consigo lo que quiero. Y esto me va a servir para el resto de la vida. Mi meta en la vida es ser chef”, dijo Tatiana.

Agustín.

De los tres ganadores del concurso, Agustín Santos (10) fue el más tímido y retraído ante las cámaras y grabadores, aunque algo de picardía en sus ojos denotaba que esa timidez era algo circunstancial.

“Agustín se levanta todos los días a eso de las seis y media de la mañana y lo hace con gusto, porque le encanta la escuela”, dice Estela Santos, madre del pequeño, tercer premio del concurso Cero Falta.

“El día que él fue por primera vez a una escuela no se quería venir, se quería quedar a vivir en la escuela”, cuenta Estela, entre risas.

“Ya desde el primer día se notaba que él tenía algo especial. El pone mucho empeño ante las dificultades y su madre siempre está detrás de él”, dice Cintia Núñez, una de las maestras del niño en la escuela N° 34, del barrio Peñarol.

Entre risas, lo único que se anima a decir con firmeza Agustín es que cuando crezca, quiere ser mecánico.

Su madre cuenta que el tesón del niño por su premio Cero Falta incluyó mañanas gélidas y lluviosas, en las que pese a todo, concurrió a clases.

“Un día llovía torrencialmente. Lo levanté, le mostré como estaba la calle, le dije que la maestra no le iba a poner falta pero quiso ir igual. Eso es amor por la escuela”, remata Estela, orgullosa de su hijo.

A caballo.

Estéfany Álvarez tiene 12 años y cursa Sexto en la escuela rural N° 46 de Cuchilla de Olmos, en el departamento de Treinta y Tres.

Para ir a la escuela, Estéfany y su hermano recorren todos los días los siete kilómetros que separan su casa de la escuela, en un viaje que les insume una hora de ida y otra de vuelta.

“Y vamos conversando, haciendo bromas, a veces nos peleamos, a veces nos aburrimos, pero a mí me gusta ir todos los días a la escuela”, dice Estéfany.

El próximo año la niña comenzará el liceo. “Hay una mezcla de alegría y tristeza, porque está bueno poder terminar la escuela, pero sé que a muchos de mis compañeros no los voy a ver más”, afirma.

Estefany, que cuando crezca quiere ser actriz, va a la escuela con otros cinco niños, que están en diferentes niveles. La maestra es una para todos.

En Cuchilla de Olmos, la escuela tiene huerta y un espacio para hacer gimnasia. “A mí me encantaría tener la escuela cerca. Hay niños que la tienen cerca y no quieren ir, no la valoran”, dice.

Niños y escuelas premiados

Esta fue la segunda edición del Concurso Nacional Cero Falta, en el cual pueden participar todos los niños de la escuela pública del país. Además de los tres premios individuales, se entregaron dos premios especiales a escuelas y clases.

Por un lado, en la categoría clases, la ganadora fue la Escuela 42, de la localidad de Merinos, en el departamento de Paysandú.

En tanto la ganadora en la categoría escuelas fue para la Escuela de Tiempo Completo N° 9, en la localidad de La Paz, en el departamento de Colonia.

Los premios, tanto individuales como colectivos, fueron entregados ayer al mediodía en un acto que se llevó acabo en el auditorio Idea Vilariño de la Torre de Antel.

A la ceremonia asistieron la presidente de Antel, Carolina Cosse, el director de Primaria Héctor Florit, y autoridades de Unicef Uruguay.

Los niños recibieron de manos de las autoridades una mochila y un kit tecnológico que incluía una tablet Samsung.

Además, tanto los premiados de forma individual como los premios colectivos recibieron como obsequio una estadía de dos días en el Parque de Vacaciones de Antel, en Lavalleja, a pocos kilómetros de la ciudad de Minas.

Los que iniciaron el camino

El Concurso “Cero Falta” del año 2013 premió a Mario Rodríguez (9 años entonces), un niño de Lavalleja que hacía tres kilómetros de ida y otros tres de vuelta para ir a la escuela rural N° 94 de ese departamento. El caso tuvo repercusión meses después, cuando se divulgó, por parte de su maestra, Mary López, que “Marito y su madre viven en medio del campo en medio de la nada, sin luz y sin agua”.

En esa edición se premió también a la maestra Cero Falta, que resultó ser Marcela Zoppi, docente en la escuela N° 3 de Fray Bentos, en el departamento de Río Negro.

Otro de los premios que se dio en la edición anterior fue a la “Familia Cero Falta”, que distinguió a un niño de Bella Unión, Amir Shobi, de 11 años, quien concurría a la Escuela N° 288 de esa ciudad.

La Escuela N° 9 de Maldonado, instalada en una zona de contexto crítico, fue premiada como la Escuela Cero Falta de ese año.

El último premio que se dio en la primera edición refería a la Clase Cero Falta, que fue para el 4° año A, de la escuela N° 93 de la localidad de Florencio Sánchez, próxima a la ciudad de Cardona, Soriano.

http://www.elpais.com.uy/informacion/historias-teson-sacrificio-cero-falta.html

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