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Una movida solidaria y ecológica


EN TODO EL PAÍS SE JUNTAN TAPAS PARA AYUDAR A PERSONAS Y ANIMALES

Desde hace algunos años en el país se está dando una movida solidaria con el reciclaje de tapas plásticas de refrescos y bidones de agua mineral. Pese a que no se paga mucho por ellas, organizaciones y personas las juntan para colaborar con una buena causa y de paso evitar que estas contaminen el medio ambiente.

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Más de 30 comercios son centros de recepción. Foto: Fernando Ponzetto

Comprar una silla de ruedas, colaborar con refugios de animales, con organizaciones no gubernamentales (ONG) o ayudar a alguna persona que precisa una intervención médica, se han convertido en razones para no tirar la tapa de la botella de refresco o de agua.

Un ejemplo de solidaridad es “Tapitas Oportunidades”, un grupo de personas que decidieron trabajar juntas para ayudar a los animales, y si bien aclaran que no son una ONG trabajan como una, ya que cada integrante tiene asignada una tarea, tienen web, Facebook y Twitter.

Todo surgió en 2011 por la iniciativa de una joven de 22 años, que se vio desbordada porque muchas personas se sumaron a la recolección de tapas, pero ella no daba abasto para pasar a buscarlas casa por casa y luego clasificarlas por color y llevarlas al comprador.

Clasificarlas es muy importante porque tienen más valor. El kilo de tapitas clasificadas varía de $ 5 y $ 6 a $ 12; esto depende de si quien las compra trabaja en forma legal o ilegal, respectivamente. En un kilo entran 400 tapas, es decir que el trabajo de recolección es muy arduo y poco rentable.

Gabriela Gil escuchó a esa joven de 22 años en un programa de televisión y se contactó con ella, la ayudó durante un tiempo y cuando la creadora de la idea dio un paso al costado ella se hizo cargo del proyecto junto a otras dos mujeres. Gil aclara que ellas se encargan de la organización, pero que son cientos quienes colaboran.

Logística.

El sistema de recolección de tapas es mediante centros de recepción, son más de 30 los comercios de Montevideo y de seis departamentos del interior que las reciben.

De esos centros de recepción las tapitas deben llegar hasta la casa de Inés Coli, en Sayago, que es el lugar de acopio y donde se hacen las jornadas de clasificación para después venderlas a recicladores que les pagan $ 12 el kilo. En las primeras jornadas eran entre cuatro y seis personas y a la última fueron 50 voluntarios, que son convocados a través de las redes sociales. “Después que se hace la clasificación se guarda todo en lo que era la barbacoa de mi casa, que ahora es un depósito de tapas. Cuando tengo 1.000 kilos llamo y las vienen a retirar”, indicó.

El traslado a la casa de Inés lo hacen voluntarios, ellas mismas y algunos de los centros de recolección. En Punta del Este hay una empresa de camiones que las lleva a Montevideo en forma gratuita; “pagar fletes es imposible”, afirma Coli.

Para garantizar que el dinero de las tapas llegue a los animales, “Tapitas Oportunidades” no entrega efectivo sino que da lo que el refugio precisa: alimentos, medicamentos y materiales para la construcción de caniles.

Cuando comenzaron con la iniciativa lograron ayudar a entre seis y siete refugios, y este año alcanzaron un récord: colaboraron con 20 en el primer trimestre de 2015. “Entre enero, febrero y marzo pasado no llegamos a $ 40.000, pero en el trimestre abril, mayo y junio de este año juntamos $ 67.200”, contó Coli. En todo 2014 juntaron $ 120.000. “Nuestra meta es duplicar. Si todo sigue así lo haremos”, estima, ya que “hay más gente recolectando, cuidando el medio ambiente”.

“Tapitas Oportunidades” también daba charlas en colegios sobre el medio ambiente y la tenencia responsable de animales. “En un principio íbamos personalmente y después nos desbordamos. Ahora estamos armando un material para que sea la maestra la que lo difunda”, explicó Coli. El grupo llegó a visitar 15 colegios.

Teletón.

Entre 2010 y 2012 hubo un grupo de personas de todo el país que juntó tapitas para la Fundación Teletón que trabaja en la rehabilitación de niños y adolescentes con distintas enfermedades.

Ese grupo lo conformó una persona de Nueva Helvecia, Colonia, que pidió autorización a la Teletón para juntar las tapitas en nombre de la Fundación.

“Fue una campaña muy importante, que fue creciendo”, contó María José Alonso, gerenta de Comunicación de Teletón.

Sin embargo, a principios de 2013 esa iniciativa dejó de funcionar debido a que las tapitas comenzaron a fabricarse con otro material, entonces había que clasificarlas de acuerdo a la composición y eso complicó la campaña, contó Alonso. Llegó un momento que “había una cantidad de tapitas y no había quién las comprara”, dijo.

Palillos y escobas.

Las tapitas de refresco y agua que juntan con fines solidarios se reciclan y se transforman en palillos de ropa, palas, cepillos y en partes de las escobas.

Diana Piñeyro, gerente de la empresa Pedro Merla S.A., contó que la compañía compra las tapas de refresco ya procesadas a una empresa de reciclaje instalada en el Parque Tecnológico del Cerro (PTI) para fabricar palas, escobas y cepillos. Además, usan los restos de plástico que les sobran a otras empresas. Es por eso que Piñeyro cree que su empresa juega un papel muy importante en el reciclaje de plástico en Uruguay.

Juan Garré, dueño de la empresa de reciclaje de plástico Los Tornos del PTI, dice que no entiende por qué la gente junta tapas ya que no se paga bien, quizás es por un tema de conciencia ambiental, afirmó.

Hace unos años él dejó de comparar tapas plásticas en pocas cantidades, ahora solo compra más de 1.000 kilos, porque tuvo una “mala experiencia”. Un hombre quiso venderle dos bolsas de papa llenas de tapas y él le pagó $ 500. El hombre se enojó por la cantidad de dinero que le dio, entonces Garré le dijo que se llevara las tapas y la paga y el vendedor siguió ofuscado. Garré explicó que no puede pagar más de $ 5 o $ 6 el kilo de tapas clasificadas porque él cumple con todos los requisitos legales y, si no, no le es rentable.

Gil, de “Tapitas Oportunidades”, admite que es poco dinero, pero asegura que igual sirve para alimentar animales. Además, con la recolección de tapas de refrescos, indirectamente, también reciben donaciones de veterinarias que son centros de recepción.

Más de 30 comercios son centros de recepción.

En diferentes barrios de Montevideo y en ciudades de seis departamentos del interior del país (Canelones, Maldonado, Paysandú, Salto, San José y Soriano) hay centros de recepción de tapas de refrescos para el grupo “Tapitas Oportunidades”, que las junta y colabora con refugios de animales de todo el país.

Uno de esos locales comerciales es La Molienda, ubicado en la calle Ejido de Montevideo, que desde enero, debajo de su vidriera, tiene dispuestos envases de agua mineral donde sus clientes, o quienes lo deseen, pueden depositar las tapas según el color (foto a la derecha).

Cómo clasificar.

– Las tapas que sirven para reciclar son las de plástico de refrescos o agua y de bidones. Las tapitas entregadas deben estar limpias. Si no están en buenas condiciones la recicladora no las acepta. No sirven las de metal ni las de otros materiales. Tampoco sirven las de aceite, de frascos, de champú, detergente, pasta dental, etc.

– Las tapitas deben ser vendidas clasificadas por color para obtener más dinero. Las que se venden mezcladas se pagan $ 6 el kilo, en tanto las separadas se cotizan al doble.

– La clasificación de tapas se hace en ocho grupos: verde; rojo y naranja; azul y celeste; negro; blanco; plateadas y grises; violetas y rosadas; de bidones y refrescos Gatorade. (Fuente: tapitasoportunidades.com)

– Las tapitas de refresco y agua que juntan con fines solidarios se reciclan y se transforman en palillos de ropa, palas, cepillos y en partes de las escobas.

– Todo surgió en 2011 por la iniciativa de una joven de 22 años, que se vio desbordada porque muchas personas se sumaron a la recolección de tapas, pero ella no daba abasto para pasar a buscarlas casa por casa y luego clasificarlas por color y llevarlas al comprador.

– Entre 2010 y 2012 hubo un grupo de personas de todo el país que juntó tapitas para la Fundación Teletón, que trabaja en la rehabilitación de niños y adolescentes con distintas enfermedades.

http://www.elpais.com.uy/informacion/movida-solidaria-ecologica-reciclaje-tapas.html

Un manual da pautas de trato y atención al público para las personas con discapacidad


PUBLICACIÓN ABARCA DISCAPACIDADES MOTRICES, SENSORIALES E INTELECTUALES

Aquién hablar cuando una persona con discapacidad llega acompañada a una oficina, qué términos son los mejores para usar, cómo ayudar a una persona ciega a desplazarse o cual es el trato adecuado a una persona con limitaciones en el habla, son parte del Manual de buenas prácticas para el trato y la atención al público de personas con discapacidad.

El material fue editado por el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) después de consultar a diferentes organizaciones sociales, fue repartido en oficinas públicas donde se realizaron talleres de sensibilización con funcionarios que atienden público.

El manual indica que, más allá de las especificidades a saber en cada tipo de discapacidad, es necesario en todo caso tener en cuenta que: Debe hablársele a la persona directamente, no a su acompañante. “No supongamos que la persona está ausente de ese acto de comunicación, más allá de que necesite apoyos para la comunicación y de que esté acompañada”, expresa la publicación.

Federico Rivero trabaja en el call center del Bandes. Foto: M. Bonjour

“En caso de ofrecer ayuda a una persona con discapacidad no la brinde hasta que ésta otorgue su acuerdo. No deberíamos dar por entendido que toda persona con discapacidad necesita ayuda en todo momento y en toda circunstancia”, señala el texto.

El manual da pautas de cómo se contribuye a reducir la situación de discapacidad motriz en la atención al público. Señala que lo mejor es usar el término persona con discapacidad motriz y no palabras como paralítico, lisiado, deforme o postrado. Indica que si no se sabe cómo manejar una silla de ruedas, se pregunte al usuario o al acompañante cómo hacerlo. A esto suma no apoyarse en la silla de ruedas de la persona ya que ésta es parte de su espacio temporal y dirigirse a la persona en silla de ruedas y no a su acompañante.

Para atender al público en situación de discapacidad de índole sensorial, el manual expresa que lo conveniente es referirse a ellos como persona sorda o persona ciega y no como sordomudo, mudo, cieguito o no vidente. Respecto al trato adecuado a personas con limitaciones en el habla sostiene que se trate de comprender “previendo que el tiempo, el ritmo y la pronunciación son distintos”. “Si no comprendemos lo que nos dice, debemos hacérselo saber para que lo repita o lo comunique de otra forma alternativa”. “Haga preguntas cortas, que requieran respuestas cortas”, agrega.

Rocío Marchetti también trabaja en el call center del Bandes. Foto: M. Bonjour

Además, recomienda dirijirse a la persona cuando esta de frente a uno, evitando hacerlo si está de espaldas. Atraer la atención de la persona tocándole el hombro o haciéndole una seña y, si se va a reunir con una persona sorda, en lo posible prevea la presencia de un intérprete de lengua de señas.

En cuanto a los apoyos necesarios de una personas ciega en entornos no accesibles, la publicación indica que si precisa de nuestra ayuda para ser guiada en la calle o dentro de un edificio, “ofrezcámosle el brazo. Ella le pedirá según su mano hábil, si prefiere tomarse del brazo izquierdo o derecho, la persona seguirá los movimientos de su cuerpo, caminando a su lado, ligeramente detrás de quien la guía”, A esto suma advertirle de posibles obstáculos que se encuentren a su paso explicitando de qué se trata y no expresándose diciendo “¡cuidado!”, sin especificar cuál es el motivo de esa señal.

El manual recomienda usar un lenguaje “sencillo” y actuar “con naturalidad” al atender a personas con discapacidad de indole intelectual o dificultades en la comprensión; manejar los tiempos necesarios, “los cuales pueden ser diferentes a los nuestros en lo que respecta a la comprensión”. “Si nos parece que la persona no nos entendió, debemos reiterar la pregunta” señala el texto y recomienda hacer preguntas breves y precisas.

Una Creencia que es errónea

“Existe la creencia errónea de que las personas en situación de discapacidad auditiva pueden escribir y leer con facilidad. Esto no es así para todos los casos. El castellano para muchas de las personas sordas es su segunda lengua. No tiene que ver con su capacidad de aprendizaje, sino con el manejo de la lengua secundaria”, indica este manual. Agrega que es deseable que alguien oficie de guía y le proporcione la información más relevante que requiera una persona con discapacidad visual del entorno si va a un lugar que desconoce o con personas que no conoce. Y no dejarla sola, sin advertírselo antes.

Talleres para los funcionarios que atiendan al público

El manual se realizó fundamentalmente orientado a las personas que atienden al público y fue acompañado con talleres de entre tres y cuatro horas trabajando en base a los contenidos de la publicación. Estos talleres abarcaron a unas 15 oficinas públicas en el año 2014. La intención es que este 2015 se sumen otras dependencias públicas y se extienda al sector privado, dijo la abogada Karen Sass, parte del equipo técnico de la Unidad de políticas de discapacidad del Mides.

“Terminamos aprendiendo todos con este manual”, dijo Sass con relación al proceso de realización de esta publicación en la interna del Mides. Consideró que vincularse con personas con algún tipo de discapacidad “puede ser complicado, genera miedo e intentamos derribar esa barrera”.

Tanto Rocío Marchetti como Federico Rivero —ambos son funcionarios del call center del banco Bandes y tienen discapacidades visuales— coincidieron en que falta información, mucha gente no se da cuenta de que una persona ciega necesita algo o no preguntan por temor a cómo reaccionará . “En general nos agrada que nos pregunte, cuanto más lo hagan nos facilita muchas cosas, por ejemplo movilizarnos en la calle o en medios de transporte. Por ejemplo, si me preguntan cómo cruzar la calle, les explico que nosotros tomamos del brazo y vamos un paso atrás. Nos ayudamos a nosotros mismos y es un aporte a la persona que lo pregunta”, dijo Rivero.

Recomendaciones de la publicación.

Tratar de acuerdo a cada edad

En casos de atención a una persona con discapacidad intelectual, tratarla de acuerdo a su edad y no a todos como si fueran niños. Limitar la ayuda a lo necesario, promoviendo la autonomía de la persona. Tener en cuenta si la persona tiene dificultades en el relacionamiento, y evitar situaciones que puedan generar discusiones o violencia. Fomentar el relacionamiento con las demás personas.

Preguntar dónde es mejor estar

Si se reúne con una persona con pérdida auditiva parcial, pregúntele donde sería mejor que usted se sentara. Si hay varias personas en la reunión es necesario que se sienten en semicírculo para que la persona sorda tenga visión de todas las personas y pueda saber quién está hablando. Si la persona realiza lectura labial mírela directamente y hable lento y claro. No todas las personas lo hacen.

Referencias concretas al informar

Cuando una persona ciega nos realice una consulta sobre una dirección o lugar al que desea concurrir, de no poder acompañarlo si él lo desea, tratemos de usar referencias concretas, expresadas en pasos, metros, cuadras, etcétera. Nunca realicemos indicaciones vagas, por ejemplo, usando términos como: “para allá o para acá”. Tampoco le dejemos sola, sin advertírselo antes.

El bastón es poderosa herramienta

El bastón constituye una poderosa herramienta, que permite a las personas en situación de discapacidad visual usarlo como si fueran sus ojos. Con el mismo detecta la condición del suelo, al golpearlo sobre el terreno, de derecha a izquierda, ella estará protegiendo su parte baja del cuerpo, por lo que no podrá detectar obstáculos que aparezcan por encima de su cintura.

http://www.elpais.com.uy/informacion/manual-pautas-trato-atencion-discapacitados.html

Elevadores para sillas de ruedas en ómnibus desde 2015


TRANSPORTE

Ucot incorpora 10 unidades accesibles y Cutcsa otras 150; discapacitados reclaman mejor atención

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Si Juan Carlos Álvarez no dependiera de una silla de ruedas para desplazarse por la ciudad, solo tardaría 15 minutos en ir de su casa al Centro pero la realidad es que “no sabe cuánto” insumirá el viaje cada vez que va hasta la parada del ómnibus. “No es lejos, pero no tengo ninguno directo que tenga piso bajo. Tengo que tomar dos, el 76 y el 79, y no sé cuándo van a pasar”, dijo a El Observador. Hoy solo hay 110 coches de piso bajo; solo el 7,4% del total de la flota de Montevideo. Son los únicos que permiten el ingreso de sillas de ruedas y facilitan el acceso de adultos mayores y niños. El inconveniente es que muy pocas líneas ofrecen el servicio.

Para fines de 2014 o principios de 2015, Cutcsa proyecta agregar entre 130 y 150 ómnibus accesibles; mientras que Ucot incorporará 10 unidades. Todos los vehículos nuevos contarán con una plataforma elevadora para sillas de ruedas, además del piso bajo. “Sigue siendo una parte menor (del parque) pero ya con el doble de unidades, cambia de forma importante las posibilidades de movilidad por la ciudad”, señaló Federico Lezama, coordinador ejecutivo de la Secretaría de Gestión Social para la Discapacidad de la Intendencia de Montevideo (IMM).

De acuerdo a una resolución municipal de 2013, las empresas de transporte colectivo deben modernizar su flota hasta llegar al 40% con el sistema de piso bajo y el 70% con plataformas elevadoras. La norma se extendió a los servicios locales y diferenciales. “Esto viene dando buenos resultados”, afirmó Lezama. La medida se tomó para “acelerar” el proceso de renovación (el elevador puede incorporarse a coches que ya están circulando), sin esperar por el recambio de vehículos, puesto que la sustitución de todo el parque llevaría al menos 10 años.

El jerarca apuntó que la plataforma estará disponible también para personas con movilidad reducida para evitar que tengan que escalar los escalones de las puertas. Pero Lezama sabe que éste es un punto de conflicto. “Tenemos que trabajar mucho con los trabajadores”, afirmó.

Mal servicio
La Secretaría de Gestión Social para la Discapacidad recibió 10 denuncias de ómnibus que no les pararon a usuarios de silla de ruedas este año. En 2012 se habían recibido 30. La IMM convocó a las empresas de transporte público a una mesa permanente de trabajo para tratar este “problema cultural”. La mayoría de las quejas se deben a actos de discriminación y mal servicio. Algunos funcionarios, por ejemplo, no se arriman al cordón de la vereda o, lo que es peor, les han dicho a los discapacitados que la rampa estaba rota para negarles el acceso. “Hay choferes que, por razones de seguridad, aducen que no pueden bajarse a poner la rampa. Capaz que es entendible. ¿Pero cómo nos enfrentamos a estas cosas? Nos dicen que tenemos que andar acompañados para que la persona baje la plataforma y nos ayude a subir. Y muchos andamos solos y nos gusta nuestra independencia”, expresó Álvarez, quien ha transitado 59 de sus 61 años de vida en silla de ruedas por las secuelas de la polio.

Ante esta situación, Lezama relató a El Observador que se acordará con las empresas para que las unidades con plataforma elevadora cuenten todas con guarda.

Además, se realizando un estudio de georreferenciación para conocer los orígenes y destinos más comunes de estos los pasajeros. Lezama explicó que la información servirá para determinar cuáles son las líneas de ómnibus que cubren esos recorridos para dotarlas de más coches accesibles y de mayor frecuencia de los servicios.

Si bien Álvarez, vicepresidente de la Organización Nacional Pro Laboral para Lisiados e integrante del grupo de trabajo con las empresas y la IMM, consideró que se ha avanzado en los últimos años, a su juicio todavía falta información muy sencilla de implementar como, por ejemplo, que todas las unidades lleven un logo (algunas tienen la figura de una silla de ruedas junto al destino) o se especifique si cuentan con la infraestructura en los servicios de información de horarios. “Desconocemos qué horario va a cumplir, o que día. A veces, los fines de semana desaparece el ómnibus y no se repone con otro de piso bajo. No escapamos a la realidad del Sistema de Transporte Metropolitano por el cual, en horas pico, se viaja realmente mal”, reflexionó Álvarez. Respecto a los ciegos, la IMM relanzará la traducción en braille de la información disponible en las paradas de ómnibus.

Taxis para todo público

De las 50 chapas para taxis que entregó la IMM este año, solo cuatro fueron destinadas a vehículos accesibles. Los mismos se incorporarán a la circulación en las próximas semanas. “El sector privado todavía no identifica las necesidades y las posibilidades de servicio”, dijo Federico Lezama, coordinador ejecutivo de la Secretaría de Gestión Social para la Discapacidad. La IMM ofrecía pagar las modificaciones. El objetivo de la comuna es ampliar la cobertura a 50 unidades en los próximos años. Estos coches cuentan con una rampa plegable, asientos traseros reclinables y anclajes para sillas de ruedas. Por ahora solo funciona un taxi “inglés”, propiedad de Radio Taxi 141, que presta el servicio de forma gratuita.

http://www.elobservador.com.uy/noticia/284787/elevadores-para-sillas-de-ruedas-en-omnibus-desde-2015/

Bandera libre al agotamiento en una de las profesiones más estresantes


TAXISTAS

Ser “tachero” está considerado uno de los trabajos más estresantes, al punto que trae serias consecuencias de todo tipo.

Hay una infinidad de actividades laborales en el mundo que son tildadas de estresantes, muchas de ellas aparejadas con el rótulo de desagradables. Otras pese a ser calificadas como estresantes están compensadas por un buen salario, pero asimismo existen muchas otras actividades laborales, muy estresantes, en las cuales para obtener un salario digno, el trabajador debe ocupar muchas horas.

Taxis

Ese es el oficio de taximetrista, en cualquier parte del mundo. En algunos países con más riesgo que en otros, con mejores condiciones y hasta con mejores recursos, pero cuyo denominador común es el estrés que causa estar tantas horas arriba del vehículo.

De hecho la consultora de trabajo estadounidense CareerCast elabora anualmente un ranking de los trabajos más estresantes y los taximetristas, desde hace varios años, no se bajan de los 10 primeros, ocupando muchas veces ese “vicecampeonato”, tan desagradable.

El trabajo de un taxista, lleva además hoy una carga de inseguridad no solo ante la creciente violencia, sino por los accidentes, producidos muchas veces por el agotamiento físico de los tacheros.

La gran mayoría de ellos deben dedicarle muchas horas (12 horas como mínimo) a esta actividad para poder sacar un salario acorde, lo que lleva a situaciones de estrés, que superan por ejemplo según la encuesta internacional, a actividades como policías, guarda cárceles, personal militar, inspectores de tránsito.

La propia Organización Mundial de la Salud, por su parte sostiene que el salario en sí mismo constituye ya un factor para que un trabajo sea estresante. Y las consecuencias del estrés son diversas, pasando por problemas psicológicos, tensión emocional, desafectación con la familia y trastornos físicos que generan “historias de vida” crueles, desgarradoras, dramáticas y lamentables.

Una historia de vida cruel y dramática

De ellas rescatamos una, la de un hombre que dedicó su vida al taxi, profesión que heredó de su padre, que murió a consecuencia de un accidente vascular, lo mismo que a él lo dejó en una sillas de ruedas.

Luis Morales desde hace casi tres años dejó de trabajar a consecuencia de una hemiplejia, situación que lo empujó paulatinamente a una precaria condición física lo que obliga hoy a una dependencia para moverse. Pero al mismo tiempo, le ocasionó una dramática situación emocional, que lo llevó a una depresión crónica por no contar con un sustento económico “normal”.

Morales fue taximetrista durante 33 años, tachero desde siempre, por lo que abrazó esa actividad laboral desde muy joven sentándose al volante apenas cumplió la mayoría de edad. Fueron años de trajinar, de meter horas, intentando cambiar la cara del “trompa” (patrón) al entregar porque no hacía el dinero pensado. Pero Morales lo llevó a ciertos extremos, como trabajar 18 horas o más por día, lo que fue desgastando la relación matrimonial hasta producirse inevitablemente la separación, pese a los 27 años de convivencia.

“Era un hecho, tantas horas de laburo arriba del tacho que llevó a un desgaste en la pareja. Por suerte no tuvimos hijos, lo que hoy agradezco porque hubiera sido dramático…”, dice cargando su voz de rabia al contárselo a LA REPÚBLICA, refiriéndose a su esposa aunque no viene al caso abundar en detalles. El contacto con su cónyuge se da ocasionalmente cuando ella viene a ver a la madre, porque Morales vive solo con su suegra, que tiene 82 años, “somos como madre e hijo.

Si no fuera por ella hoy no sé que sería de mí”, dice. Tiene dos hermanas más que viven en el exterior, pero “no tengo buena onda con ellas”, agrega.

Morales además acarrea un problema cardíaco desde muy joven, por lo que reconoce que la situación económica sumada al problema de pareja, lo llevó a una clínica tras una descompensación.

El comienzo del fin

“Entré caminando a la sociedad médica por un problema cardíaco. Pero no pudo hacerse el cateterismo y quedé internado. A partir de ahí todo lo que pasó después fue dramático para mí, hasta terminar en esta silla de ruedas”.

Morales está convencido que su actual situación, la generó la actividad laboral que realizaba y desafía a preguntar a otros colegas tacheros. Lo hicimos: preguntamos a diez colegas suyos al azar en una parada céntrica y todos coinciden en lo “estresante” pero fundamentalmente “lo peligroso que está la calle hoy”.

De sus compañeros de la cooperativa de taxis, guarda un recuerdo ambigüo que va desde la gratitud hasta la molestia en una fracción de segundo. Y cuenta que cuando sufrió el accidente los primeros meses “venían bastante seguido, después se fueron alejando”.

Los compañeros incluso pagaron una clínica para que Morales se fuera recuperando, el sindicato hizo su parte y también lo apoyó durante mucho tiempo. Pero la vida de este ex tachero es cada vez más complicada. “Hoy sueño con mi viejo y me despierto llorando muchas veces”, pero es una situación que no puede abordar porque “no tengo plata para pagar un psicólogo. Me tengo que aguantar y seguir luchando, pero a veces es muy difícil y pienso cualquier cosa…”, dice, y se queda en silencio…

http://www.republica.com.uy

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