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“Con los años la intimidad se irá achicando cada vez más”


ENTREVISTA AL PSICÓLOGO ROBERTO BALAGUER

Exhibicionismo, voyeurismo, narcisismo, morbo y hasta malicia están presentes en la difusión de videos sexuales en las redes

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¿Cómo explica el aumento de videos sexuales que se difunden en redes sociales?
Veo que los gurises no tienen mucha noción del alcance a largo plazo que tienen estas cosas. En el momento ven la posibilidad de documentar algo pero no piensan en todas las problemáticas que puede acarrear eso, tanto para ellos mismos si son identificados como los que lo suben a las redes, como el daño que hacen al otro. Lo ven como un mundo paralelo. Tienen consciencia de que eso puede llegar a viralizarse, pero lo siguen viendo como una broma. Hay cierta disociación entre la realidad y las redes sociales. Buscan que ese material que suben tenga repercusión porque les da estatus: pasan a ser actores con “material interesante”. Eso impulsa muchas veces el primer movimiento y deja en segundo plano las consecuencias que puede traer. También se guían por la gracia o la broma, y quedan atrapados en ese instante sin pensar en la serie de instantes que siguen. Están muy al momento. Cuando pasa y les cae la ficha se quieren matar. Te dicen que jamás pensaron que iba a pensar eso.

Hay muchos actores implicados: el que filma, el que comparte, el que agrega el perfil de Facebook para identificar a la persona…
Sí, solo el hecho de documentarlo te habla de algo. ¿Para qué filmás? Para que otro lo vea. Uno puede sentirlo como muestra de poder, como que tiene como un arma de destrucción masiva; ahí puede haber un elemento narcisista.

A veces los que filman son parte de la escena, pero otras veces se topan con ella. Pareciera que ahora los adolescentes eligen invadir o abordar esa intimidad en vez de seguir de largo.
Sí. Una cosa que hace a ese quiebre es la herramienta. Tu forma de pensarlo es en virtud de las herramientas que tenés. Cuando tenés nuevas herramientas, tenés otras posibilidades. No solo está el componente de voyeur de meterse en eso. También está eso de de “mirá lo que vi”, que ahora está muy presente, cuando antes era “el relato de lo que vi”. Cualquiera de estas escenas filmadas hubiera sido comidilla de varias reuniones hace unos años. Pero el documento es más potente que el relato.

Más allá de la herramienta, ¿no hay un cambio de actitud frente a la intimidad del otro?
Es que hay un cambio cultural en el concepto de intimidad. Ese tipo de situaciones capaz hace 15 años no se veían en público. Los viejos esquemas de lo público y lo privado están trastocados. Se documentan conductas desbordadas que son pasibles de ser documentadas por herramientas que, a su vez, agregan mayores posibilidades de entrar en la intimidad. Lo que hay es un desdibujamiento de las fronteras entre lo privado y lo público, claramente distinto respecto a 10 o 15 años atrás. Es un espiral borroso y resulta difícil delimitar quién se mete en qué zona; ambas esferas se desdibujan.

¿Cómo daña a los involucrados?
El potencial daño empieza desde que lo documentás, porque ya hay riesgo de que el documento pase a manos de terceros y le den otro uso. Eso hay que tenerlo claro. A los involucrados les cambia la vida al principio. Es un daño en la reputación. Eso que en la red social parece broma, es una persona de carne y hueso que vive en un barrio, tiene padres y hermanos que lo sienten y quedan identificados.

¿Conoce algún caso?
Sí, me ha tocado ver alguna situación. La emoción que predomina es la vergüenza. En eso como el bullying.

¿Se puede decir que este es un bullying masivo?
Sí, sí. La diferencia es que en estos casos no se busca la humillación, sino que es un efecto secundario.

¿Cómo se sale de esa situación?
Depende de la personalidad, pero el tiempo cura. Y me animo a decir que en el correr del tiempo se va a relativizar. Esta es la punta del iceberg de un montón de cosas que después va a ser normal ver. Podemos hacer un comparativo con la playa de Los Pocitos a principios de siglo XX, cuando no existían los trajes de baño, tomar sol ni mostrarse, porque estaba mal visto. El cuerpo tuvo una evolución hacia más exhibición. Algo de eso está pasando con la intimidad y sexualidad. Creo que en unos años se va a naturalizar, no va a tener tanto impacto. Va en detrimento de la intimidad, que se irá achicando más, tanto a nivel corporal como psicológico.

¿Y eso no es malo?
No es ni bueno ni malo: es cultural. La intimidad no un concepto absoluto sino de época. Lo dice (José Pedro) Barrán. Antes no había dormitorios. Había lugares donde la gente dormía y se tenían relaciones sexuales con niños, grandes y viejos alrededor. El concepto de intimidad no tiene más de 200, 300  años. Y eso es lo que está cambiando, un poco a punto de partida de la tecnología.

¿En algún momento dejará de importarnos la intimidad?
Seguramente aparezcan otras cosas que nos importen más que la intimidad. Seguramente en algún lugar se va a resguardar.
¿Hay patologías psicológicas en toda esta cadena?
En la motivación para subirlo hay de todo: morbo, narcisismo, voyeurismo. Hay exhibicionismo de quien lo hace también. Están todos los componentes de la patología humana. En el que lo viraliza también, porque por más que lo haga como una curiosidad, sabe que eso empieza a tomar estado público. En el que identifica a los involucrados puede haber un componente de malicia.
¿Qué hacer frente a esto?
Trato de pensar en educación. En realidad, los padres deben alertar a los chiquilines y que tomen consciencia de los riesgos de documentar y digitalizar; de la ética que se pone en juego al optar por compartir o no, de lo distinto que es compartirlo entre amigos o en redes sociales. Uno ve que los padres están ajenos, piensan que les pasa a otros y no a sus hijos, y no hay orientación al respecto.

Perfil de Balaguer

Balaguer es psicólogo, master en educación, especialista en tecnologías de información, redes sociales y bullying. Asesora al Plan Ceibal en educación y trabaja en el Saint Patrick’s College. Es autor de libros que abordan el cambio cultural que implica internet para los más jóvenes.

http://www.elobservador.com.uy

 

Campaña en dos mil escuelas para que niños cuiden datos por Internet


DIRECCIONES, HORARIOS, COSTUMBRES

Será para niños de sexto de escuela de todos los centros educativos.

PlanCeibal

Los niños son quienes están más expuestos a la mala utilización de sus datos personales por su uso intensivo de internet, de redes sociales, de su conexión a través de celulares. Simplemente entrando a Facebook y con la costumbre de publicar allí su vida cotidiana, pude ser muy fácil saber paso a paso los hábitos de alguien, enterarse de cuándo el niño está solo en la casa, de sus horarios, adónde concurre, los horarios de sus padres, etc..

Por esta razón la Unidad Reguladora y de Control de Datos Personales (Urcdp), con el fin de sensibilizar y capacitar a niños y jóvenes, lanzó el concurso: “Cómo explicás qué son los datos personales”. Se realizará con alumnos de sexto año de todas las escuelas públicas y privadas del país, y alcanzará a casi dos mil centros educativos. “Se trata de hacer pensar a los niños sobre sus datos personales: teléfono, fotos, videos personales.

Preguntamos: ¿a quién se los darías? Buscamos que el niño tenga discernimiento y esté atado al ¿para qué me piden los datos? Que el niño también pueda discernir esto. Por ello el slogan de la campaña es: “Tus datos valen. Cuidalos”, explicó a LA REPÚBLICA Federico Monteverde, director de la Unidad de Protección de Datos Personales.

“Estas precauciones se adquieren mejor desde niño. Además haremos un concurso porque se mandará material a todas las escuelas para que cada clase elabore un afiche difundiendo algo relativo a la campaña y por qué es importante cuidar los datos. La idea es involucrar a niños, docentes y familias”, indicó Monteverde. Hasta el 20 de noviembre hay tiempo para presentar el afiche tanto en papel como en soporte digital.

Buenos consejos para cuidarse

– El nombre de usuario no debe proveer información que delate las características personales del usuario tales como nombre o edad.

– Recordar siempre cerrar la sesión en Internet, ya sea de correo electrónico, redes sociales, de mensajería, etc.

– Luego de usar el navegador web, eliminar los archivos recientes (caché) de las imágenes y contenidos que fueron visitados. El navegador almacena todas las páginas a las que la persona entró, se recomienda borrar el historial o desactivar la opción de almacenado para evitar que la información sea vista por otros.

– Navegar y bajar contenidos únicamente de sitios de confianza

– No confiar en desconocidos, aun cuando supongan que mantienen el anonimato. Rechazar videoconferencias, envío de información o fotos, descarga de archivos y, por supuesto, encuentros personales.

– Publicar datos o imágenes de la zona donde se habita, dirección, teléfono, puede implicar grandes riesgos de seguridad.

http://www.republica.com.uy

Aburrirse en el trabajo también agota


INFRAEXIGENCIA, TEDIO Y DESINTERÉS: SÍNTOMAS DEL SÍNDROME DEL BOREOUT

Una jornada laboral de ocho horas con poca exigencia, con el sentimiento de que se puede rendir más o con pocos horizontes para crecer produce efectos psicológicos, físicos y sociales tan malos como el exceso de trabajo. Es lo que actualmente se conoce con el síndrome de boreout.

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Silvana Nicola | snicola@elpais.com.uy

El concepto acuñado por los suizos Philipe Rothin y Peter R. Werder en El nuevo síndrome laboral: boreout hace referencia a la existencia de elementos generadores de estrés: infraexigencia del trabajador que siente que podría rendir más de lo que le exige la empresa; aburrimiento (estado de desgano y duda porque no se sabe qué hacer) y desinterés (ausencia de identificación con el trabajo).

«La noción de lo que ocurre a nivel de la psique cuando una persona es privada de tareas que le resulten desafiantes, se asemeja al concepto de Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo, del argentino JC Neffa», puntualizó Beatriz Martínez, principal de la consultora que lleva su nombre. Según señaló, este experto decía que hay aspectos del «contenido» del trabajo (desafiante, monótono, sobreexigente, infraexigente, etcétera) que actúan sobre la salud del trabajador e inciden sobre sus facultades intelectuales y sus potencialidades creadoras.

Ante esta realidad, los trabajadores suman estrategias de comportamiento mediante las cuales fingen que trabajan cuando no lo hacen, ocupan más tiempo que el necesario para realizar una tarea o disponen de su horario laboral para realizar actividades privadas.

José Luis O`Neil, director de Ascende, señaló sobre ese punto: «La utilización del tiempo ocioso en las redes sociales es una de las prácticas predilectas entre miles de usuarios que chatean, comentan, tuitean, suben fotos y actualizan su estado durante sus jornadas de trabajo, a través de sus celulares o directamente en las computadoras de la empresa».

Según este experto, cuando el trabajo se despersonaliza, el tiempo ocioso pasa a ser ocupado por una suerte de «espacio personal», que a poco a poco se convierte en imprescindible. En ese sentido las redes sociales, se constituyen en un «escape» que a manera de «práctica adictiva» es muy difícil de abandonar y el tiempo ocioso pasa a ser activamente buscado.

Otra cara del boreout son las relaciones interpersonales. La motivación de un trabajador de aprender sobre varias áreas de la empresa, solicitar más tareas a su jefe o sugerir la mejora de algunos procedimientos puede ser motivo de hostilidad con sus compañeros.

A uno de los entrevistados de O`Neil le sucedió y el empuje inicial derivó en angustia, desgano y adaptación a la situación. «El candidato bajó su nivel de productividad, procurando hacer su trabajo lo mejor posible, pero cuidando no poner a nadie en evidencia», puntualizó. Para cambiar estas situaciones estructurales se requieren líderes que deleguen, motiven y colaboren con el desarrollo de la gente.

La cúpula empresarial debe estar atenta

Ante un asunto con múltiples causas, la consultora Beatriz Martínez recomienda se trabaje en niveles superiores (gerentes y jefes). «Deben comprender la pérdida que significa a nivel de la empresa, en tanto el empleado se desmotiva y hasta puede enfermarse», señaló. Si el caso ocurre por una falta de delegación, el jefe debe cambiar la situación. También puede suceder que el trabajador esté sobrecalificado para el trabajo que desarrolla. «Quien gerencie debe ser consciente del estilo de liderazgo existente y debe tomar acciones si no está siendo eficiente», concluyó.

http://www.elpais.com.uy

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