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NACIONAL – SALUD

Funcionarios tomaron fotos para mostrarlo. ASSE dice que arreglan lo urgente

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Sostener el techo del lugar de trabajo con un palo para evitar que se caiga, no es normal. Pero sí lo es para los siete trabajadores de la carpintería del Hospital Pereira Rosell, donde hace un año el techo de hormigón comenzó a desfondarse.

El edificio de dos plantas tiene un depósito en el piso superior, el peso hundió el techo al punto que las vigas se doblaron por la antigüedad de la construcción.

Estas son algunas de las situaciones que se viven en varias zonas del hospital, y por lo que los funcionarios protestaron esta semana con un paro.

Además tomaron fotos para mostrarlo.“El Pereira es un área grandísima, tiene dos hospitales: el pediátrico y de mujer. Éste último tiene más de 100 años. Son pabellones muy antiguos que fueron remodelados algunos pero falta aún. Áreas con riesgo o problemas de humedad se van arreglando” de acuerdo a un plan de obras donde se establecen prioridades, explicó a El Observador la gerenta general de la Administración de Servicios del Estado (ASSE), Alicia Ferreira.

Esta situación motivó un paro por 24 horas realizado el jueves por la Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP) que ya prepara nuevas medidas.

Los funcionarios aseguran que desde 2011 denuncian problemas edilicios.

“Si bien algunas cosas se pudieron arreglar, con el temporal del invierno pasado volaron cosas que no se arreglaron todavía”, explicó el presidente de la comisión interna, Daniel Carrattini.

Tal es el caso de la chimenea de las calderas que brindan calefacción al hospital, que tiene una altura de 40 metros.

Además la corona ubicada en la parte superior se rajó y comenzaron a caer de a uno los ladrillos.“Es un peligro porque constantemente caen bloques donde circula gente” por los camineros externos, explicó el sindicalista.

La cocina del hospital es otra área que está comprometida. La cámara que se encuentra en un patio a pocos metros de la puerta, tiene la tapa de madera en mal estado, no cubre por completo el pozo, e incluso los funcionarios observaron la presencia de ratas que llegaron a comer los cables.

“Queremos hacer llegar nuestra preocupación por la creciente cantidad de roedores”, expresa una carta recibida por la directora del departamento de nutrición en junio del 2012. Si bien se utiliza un sistema de control de plagas, el sindicato explica que no es suficiente para extinguirlas y que la falta de mosquiteros o mallas metálicas en la abertura podrían generar el ingreso de un roedor a donde se elabora la comida para los pacientes.

Según Carrattini, esta situación continúa incambiada.

El vestuario es otra área afectada tanto en pediatría como en maternidad. Goteras con aguas servidas, falta de duchas, revoques de paredes caídos por causa de la humedad, lockers rotos y muebles herrumbrados o en malas condiciones son elementos que integran el lugar.

Esto fue reportado a la dirección de Pediatría y el Hospital de la Mujer (HM) en marzo de 2012, donde la FFSP manifestó la “necesidad urgente de que se atiendan los reclamos”, expresa el documento.

El decreto 406/88 establece que los vestuarios deben ser “higiénicos y seguros”, “aireados e iluminados, bien defendidos de la intemperie y caldeados durante la estación fría”, así como “deberán contar con armarios individuales para cada uno de los obreros”. Carrattini explicó que al trabajar en la salud y con jornadas que alcanzan las 12 horas muchas veces, “el trabajador necesita tener un lugar donde dejar las pertenencias y poder bañarse”.

El archivo también tiene problemas. En el invierno pasado luego de un temporal se inundó la parte de archivos pediátricos y se cayó la estantería. Situación similar sucedió en donde están los expedientes de maternidad, por lo cual gran parte de las carpetas se encuentra en el suelo.

En la Lavandería la situación no es mucho mejor. La ropa sucia se apila en bolsas en el piso hasta que pueda ser lavada. Las altas temperaturas de esa habitación por las lavadoras en funcionamiento obligan a abrir la ventana pero como está rota, la cortina metálica debe ser sostenida con una silla.

elobservador.

Andrade: “Hay que establecer protocolos de seguridad”


MESA DE NOTICIAS- AUDIO 1410 AM LIBRE

El secretario general del Sunca, Óscar Andrade abogó por una fiscalización más fuerte de la normativa en materia de seguridad en el sector y destacó la necesidad de establecer protocolos de seguridad y sanciones más duras contra las empresas que desconozcan la normativas. Escuche el audio.

Óscar Andrade explicó al programa Mesa de Noticias, conducido por la periodista Cristina Richeri, que el obrero que trabajaba en la construcción de la empresa Montes del Plata no tenía los “cabos de vida” para enganchar el cinturón de seguridad, lo que provocó el trágico accidente laboral. El secretario general del Sunca destacó que la problemática de la salud laboral no puede enfocarse como un tema de mala suerte y estimó necesario la implementación de mayores controles en el cumplimiento de la normativa vigente en materia de seguridad.

Con respecto a la situación de la empresa extranjera Ukitig Oy, (sub contratada por Andritz) que trabaja en la obra de Montes del Plata, Andrade dijo que se hace muy difícil que las empresas extranjeras se adapten a las normativas de seguridad uruguayas. En ese sentido, dijo que el personal mayoritariamente es extranjero y están acostumbrados a trabajar en condiciones “peores” a las de Uruguay.

El secretario general de Sunca subrayó que el pasado viernes desde el sindicato mantuvieron una reunión con la comisión paritaria donde se plantearon 2 denuncias y una de ellas era para la empresa en cuestión por temas referidos a seguridad. Andrade dijo a Mesa de Noticias que la denuncia refería a que la empresa optó por colocar a los trabajadores delegados en seguridad en tareas “lejos” de la zona en donde se concentra el trabajo que implica eventuales riesgos. Esta decisión empresarial impedía al delegado hacer su respectiva tarea de control de seguridad.

En ese sentido, Andrade fue categórico al expresar la imperiosa necesidad de un protocolo de seguridad antes de que se inicien las tareas de producción y estimó pertinente considerar como una falta gravísima por parte del encargado, mando medio o capataz envíar al trabajador a hacer un trabajo de riesgo.

Dijo que existe una etapa de recambio de personal en el sector de la construcción y puntualizó que existen actualmente aproximadamente unos 5 mil trabajadores dedicados a la obra civil que empiezan el proceso de reducción de personal. A su vez, otro número similar de trabajadores de montaje comienzan sus tareas en obras.

No se pierda el programa Mesa de Noticias por 1410 AM LIBRE de lunes a viernes en sus dos ediciones de 7 a 8 y al mediodía de 12 a 13 horas.

Pibas de los astilleros


Paola Fierro, soldadora en el astillero y dique de la Armada.
Paola Fierro, soldadora en el astillero y dique de la Armada. 

Dos mujeres forman parte del grupo de operarios que construye la segunda barcaza para Montes del Plata.

Una estaba empleada en una panadería, la otra en una mutualista. Ninguna de las dos tenía el menor conocimiento previo de las tareas que se realizan en un astillero ni soñaba con desempeñarlas, algo que en nuestro país todavía es inusual para una trabajadora.

Dos carteles detienen la marcha. Zona militar: regístrese. Un par de hombres de uniforme observa la entrada. Para llegar hasta el astillero del Cerro hay que hacer un trecho. Alcanzar la zona de la grada (el espacio de armado de la barcaza, fuera del agua), colocarse lentes protectores y un casco blanco, y luego recién meterse en la cosa. Hay operarios soldando, otros pintando, algunos moviendo las grúas enormes que trasladan el material de acero que formará, en pocos meses, la estructura de la nave. Luego, como consecuencia de ese trabajo, habrá una barcaza de 1.100 toneladas, con 90 metros de eslora (largo, de proa a popa), 16 de manga (ancho), casi seis metros de puntal (la altura del cuerpo del buque desde la quilla hasta la cubierta) y una profundidad de bodega de tres metros. Esa estructura resistirá una carga de 5.000 toneladas (cerca de 170 camiones). La nave carece de propulsión propia; para moverla hay que remolcarla.

Y la nave va

La industria naval abarca las actividades de construcción, transformación, reparación y mantenimiento de embarcaciones. También la fabricación de motores, hélices, turbinas y todo tipo de bienes de equipo y accesorios diseñados específicamente para su uso en embarcaciones y otros artefactos flotantes, además de actividades de investigación y diseño.

A fines de julio de 2012 se terminó la construcción de la primera barcaza para Montes del Plata, que llevó cinco meses de armado. Se estima que en el momento de mayor actividad trabajaron en el proyecto alrededor de 120 personas, de las cuales 80% eran uruguayas. El proyecto actual ha llegado a emplear a unos 80 operarios y el porcentaje de mano de obra nacional es levemente inferior, según datos aportados por la Dirección de Artesanías, Pequeñas y Medianas Empresas del Ministerio de Industria, Energía y Minería.

La segunda barcaza para el transporte de madera de la empresa Montes del Plata es armada por la firma Galictio Tiferey, con mayoría de capitales españoles y un socio uruguayo. La tarea es realizada por 53 operarios, incluyendo a dos mujeres.

Otros colores

Paola Fierro tiene 31 años y vive en el Cerro de Montevideo. Despachaba panes con grasa y margaritas detrás del mostrador de la panadería del barrio. Se enteró por una amiga del llamado a operarios para la construcción de barcazas.

Se animó a pensar “¿Por qué no?”, se anotó y, como quién no quiere la cosa, quedó preseleccionada. Luego recibió capacitación en soldadura mediante un curso de ocho horas diarias, dio una prueba ante la mirada de un supervisor y quedó adentro.

La primera mujer soldadora en la industria naval en Uruguay; no es poca cosa. Para encarar este desafío le pidió apoyo a su madre, ya que debía dejar sus estudios de diseño y encarar una nueva vida.

En la prueba de ingreso, que determinó la continuidad de la experiencia, tuvo que juntar dos chapas dejando una abertura de cinco milímetros y colocar un respaldo cerámico para unirlas. “Ahí tenés que hacer la raíz [así le llaman a la unión] y luego el relleno”, cuenta Paola mientras señala una chapa terminada por ella para explicar el procedimiento, que ahora es parte de una tarea cotidiana.

El arranque en el ambiente no fue fácil. Algunos de sus amigos pensaban que no iba a durar mucho en la tarea, que el “capricho” se le iría ni bien pisara el astillero, que el trabajo era demasiado pesado para una mujer, y otro montón de “ques”.

Leticia Zinola tiene 39 años. Vive en la Unión y para llegar al Cerro combina todas las mañanas el 109 con el 76. Supo de la existencia de Galictio Tiferey por boca del esposo de una amiga, que le comentó sobre el llamado a operarios. Para ella la etapa más dura fue la de asistir al curso de capacitación laboral brindado por la empresa, porque para eso tuvo que reestructurar la jornada familiar y dejar con alguien a sus dos hijas y a un sobrino que tiene a su cargo.

Antes realizaba servicios auxiliares en la Médica Uruguaya; ahora su tarea es pintar la barcaza.

Las dos compartían el miedo a agarrar una amoladora. Nunca habían usado un soldador ni tenían nada que ver con la industria naval. Ni siquiera tenían idea de cómo se llamaban las herramientas. Paola reconoce que no deja de pedir ayuda a sus compañeros de trabajo si la necesita; Leticia dice que se maneja sola la mayoría de las veces.

“Lo novedoso es que acá no se armaban barcazas sino que se reparaban. Este modelo que estamos armando entero lleva trabajo”, comenta Paola. Gira y señala unas barras de acero grises, apoyadas en el suelo del galpón donde trabajan cuando el tiempo está amenazante. Explica que las limpian, las juntan y después las sueldan. Las barras que formarán la estructura de la popa tienen seis u ocho metros de largo. Todavía no empezaron a armar la proa porque no ha llegado el contenedor con el material que la empresa compra en Italia (ver el recuadro “A lo tano”).

A lo tano

El material con el que se arma la barcaza llega a Uruguay en contenedores desde Italia. Cuando se consultó sobre ese aspecto al jefe del proyecto, José Luis Romero, comentó: “Yo me pregunto esto muchas veces. ¿Por qué estamos trabajando con acero de Italia? Por precios habría sido más conveniente hacerlo en nuestras propias instalaciones, cortaríamos el barco en pocas semanas, embarcaríamos todo en contenedores y haríamos el traslado. Hemos tenido que comprar material en el mercado local para no parar la producción, pero los precios se disparan. Nos encontramos con los angulares prácticamente al doble del costo, sin tratamiento en la superficie, y la chapa, sin tratamiento, sale 40% más cara. Todo este material nos cuesta un dólar y un poco más el kilo, cortado, chorreado y limado, listo para montar. Aquí los angulares nos costaron 1,68 dólares, sin limar ni cortar. La chapa, igual. En Europa nos sale 0,80 dólares el kilo y aquí, 1,50. Casi el doble que en Europa. Aunque tuvimos retrasos en la entrega del material, no dejamos de traerlo. Estuvimos en contacto con proveedores regionales de Brasil también. Si la industria se va acercando y los almacenes tienen stock, está claro que eso se prevé y los números bajan. Pero para este proyecto esto está determinado así”.

Por ahora, sólo se ve una estructura muy grande de metal, de color bordó. “Todo se pinta luego de estar pulido, baldeado con agua y bien seco”. Para eso se usan máquinas de baldeo y chupadoras, explica Leticia, y adelanta que la nave va a ser pintada de rojo, azul y blanco.

Las dos visten mamelucos verdes. Los hombres están de azul. “Es porque los uniformes que usamos son los más chicos. Sólo por eso tenemos colores distintos”, comentan. Además, usan cascos especiales con máscaras, guantes, botas y cinturones. El material de los mamelucos es de tela muy resistente a las altas temperaturas.

Suena una alarma. La grúa se mueve y se enciende una luz de alerta. Los operarios se acomodan para dar paso a la grúa y evitar posibles accidentes. La industria naval es considerada la tercera más peligrosa del mundo para los trabajadores, detrás de la minería y la extracción de petróleo.

Salir a flote

Las dos trabajadoras ya han tenido algunos problemas de salud. Paola, la soldadora, sufrió una lesión en los ojos debido a las chispas que provoca la acción de las herramientas sobre el metal. Leticia cuenta que los problemas más frecuentes para los pintores tienen que ver con las 
emanaciones de gases de las 
máquinas.

Ambas destacan que parte del aprendizaje del oficio es conocer la jerga. “Nos decían ‘andá a la popa’ y nosotras nos quedábamos mirando. Ni idea teníamos de para dónde arrancar”, comentan entre risas. Ahora les transmiten el conocimiento a los recién llegados, pero afrontan algunas complejidades cuando los jefes, que son españoles, se refieren a los materiales de trabajo con palabras que en Uruguay no se usan.

Paola es la primera en señalar que las dos producen a la par de los varones. “Es que tenemos que dar el ejemplo”, acota Leticia, y comenta, como quien recuerda un chiste, que cuando empezaron algunos habrán pensado: “Éstas no sirven pa nada. No van a aprobar el curso ni a durar dos días”.

Al despedirnos, las trabajadoras buscan una frase que englobe con coherencia algo de todo lo compartido durante la mañana en el astillero del Cerro. Se miran, se sonríen y mientras dejamos atrás la popa a medio armar, aún sin proa, dicen: “La mayor satisfacción será ver cuando baje al agua y constatar que flota. Eso da una emoción tremenda”.

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