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Protegiendo el Uruguay Natural


EL 0,94% DEL TERRITORIO ESTÁ PROTEGIDO; LOS ACUERDOS FIRMADOS EXIGEN EL 17%

En Uruguay hay 13 áreas que están dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP). Esto quiere decir que no se permite, en líneas generales, ni industrias ni tala de árboles. “Es una estrategia para la conservación de la biodiversidad in situ”, indicó a El País Soledad Ávila, integrante del SNAP.

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Proteger la biodiversidad, en palabras de los científicos, tiene un impacto en múltiples temas.

En Uruguay hay 13 áreas que están dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP). Esto quiere decir que no se permite, en líneas generales, ni industrias ni tala de árboles. “Es una estrategia para la conservación de la biodiversidad in situ”, indicó a El País Soledad Ávila, integrante del SNAP.

En 1992, el país firmó un acuerdo mundial en Río de Janeiro en el que se comprometía a que el 17% de las zonas terrestres y aguas continentales “se habrán conservado por medio de sistemas de áreas protegidas en 2020”.

El problema de la pérdida de diversidad biológica no cesó. En 2013, los países realizaron un nuevo convenio mundial en Aichi, Japón, al que Uruguay se volvió a sumar. El objetivo: “Tomar medidas efectivas y urgentes para detener” su destrucción.

Hoy, las áreas protegidas del país, equivalen al 0,94% del territorio. Es decir, 266.914 hectáreas. En el segundo mes del año, el Ministerio de Medio Ambiente añadió al SNAP a los humedales de Santa Lucía (unas 86.517 hectáreas) que cubre los departamentos de Canelones, San José y Montevideo.

Alejandro Brazeiro, doctor en Ecología y profesor adjunto del Instituto de Ecología de la Facultad de Ciencias, le brinda información científica a la Dirección Nacional de Medio Ambiente para identificar estas áreas. Desde 2004, cuando comenzó a trabajar en este tema, ha observado que “la forestación aumenta como loco, pero las áreas protegidas crecen a un ritmo muy, muy bajo”.

En este sentido, se le ocurrió trabajar con empresas forestales privadas, propietarias de miles de hectáreas del territorio, para determinar áreas que pueden ser protegidas, pero que no están bajo jurisdicción estatal.

¿Con quiénes?

Acordaron trabajar con la empresa Montes del Plata, dueña de casi 222.000 hectáreas distribuidas en nueve departamentos del país. Esta firma, sigue a una fundación, llamada el Forest Stewardship Council (FSC), que promueve el manejo forestal responsable a través de algunas normas. Una de ellas exige que las empresas encuentren en sus terrenos lugares de mayor valor para la conservación. Es decir, deben monitorearlo para no afectarlo. “Ellos antes lo hacían, pero sin un criterio científico de cómo”, puntualizo Brazeiro.

Tras dos años de trabajo, el equipo científico liderado por Brazeiro “identificó” siete regiones hasta el momento: dos en el litoral del país, dos en Río Negro, dos en Durazno y una en Flores.

En esas zonas han colocado “cámaras trampa” en los árboles, las cuales detectan que un animal pasa por el lugar y retrata una fotografía. “Esto permite saber qué diversidad de mamíferos están en ese lugar”, comentó.

Por qué.

Proteger la biodiversidad, en palabras de los científicos, tiene un impacto en múltiples temas de un país. Primero, en la economía: provee insumos para la agricultura. “Las praderas se sustentan de su biodiversidad”, indicó Brazeiro.

También tiene una importancia para la investigación científica desde la medicina. “Hay laboratorios que exploran en bosques, y toman extractos naturales para luego generar productos químicos”, agregó el experto.

A su vez, tienen un rol en la regulación del clima y la humedad de las regiones. Esto se pudo comprobar a través de una investigación llevada a cabo por el Centro de Biología de Silwood Park de Inglaterra que certificó que el descenso de la biodiversidad puede generar más emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, lo que genera el calentamiento global. En el estudio determinaron que a más diversidad ecológica, más posibilidades de “retener” dióxido de carbono.

Pero ante todo, para ellos existe un mandato ético que los guía en su trabajo: “La mayor parte de las especies con las que convivimos hoy estaban mucho antes que nosotros en la Tierra”, concluyó Brazeiro.

DATOS.

1 – Zonas.

La primer área protegida fue catalogada en 2008: Quebrada de los Cuervos. La última, en febrero de 2015: Humedales de Santa Lucía. Otras áreas fueron: Cerro verde, Rincón de Franquía, Cabo Polonio, Valle del Lunarejo y Laguna Garzón.

2 – Razón.

La protección de la biodiversidad tiene un impacto en la vida económica, turística y científica y ambiental del país. Según investigaciones, cuanto más ecosistemas diversos existan, más posibilidades de retención de dióxido de carbono.

Educación. Más de 2.500 escolares

Presidencia informó que 2.500 escolares participan en actividades de educación ambiental en áreas protegidas. Además, se instalaron señalización con carteles y senderos en cada una de estas áreas.

Funcionarios. Existen 41 guardaparques

Existen 41 guardaparques con acreditación de saberes y programas de formación específica de la UTU y de la Universidad de la República que trabajan en las áreas protegidas del sistema nacional.

Visitantes. Áreas con miles 140.000 personas

Las 13 áreas catalogadas como “protegidas” tuvieron las visitas de 140.000 personas en los últimos seis años, según información divulgada por Presidencia a principios de marzo de este año.

http://www.elpais.com.uy/vida-actual/protegiendo-uruguay-natural-sistema-nacional.html

Zonas áridas absorben dióxido de carbono de la atmósfera


CAMBIO CLIMÁTICO

Las zonas áridas del planeta, que constituyen sus ecosistemas más extensos, absorben significativas cantidades del dióxido de carbono emitido a la atmósfera a medida que este aumenta, lo que ayuda a combatir el cambio climático, indica un estudio publicado hoy en “Nature Climate Change”.

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Un equipo de científicos de Estados Unidos, encabezado por el biólogo Dave Evans de la universidad de Washington, expuso durante diez años nueve parcelas del desierto estadounidense de Mojave a los niveles de C02 actuales y a los previstos para 2050.

Los investigadores, que inyectaron los gases a través de unos tubos de plástico, excavaron posteriormente un metro del terreno para ver la cantidad de carbono que se había absorbido.

El análisis indicó, según se apunta en la revista, que “las tierras áridas pueden aumentar su absorción del dióxido de carbono lo suficiente en el futuro hasta representar de un 15 a un 28 % de la cantidad actualmente absorbida por las superficies terrestres“.

Evans señala que, a medida que aumentan las emisiones de CO2 a la atmósfera, también se incrementa la absorción de este gas por parte de las tierras áridas.

Se estima que esta absorción podría incrementarse hasta representar de un 4 % a un 8 % de las actuales emisiones.

Desde un punto de vista optimista, la investigación sugiere, según sus autores, que,cuando llegue 2050, los ecosistemas áridos estarán contribuyendo significativamente a eliminar el CO2 nocivo de la atmósfera.

No obstante, advierte “Nature”, el experimento, en el que colaboraron expertos de varias universidades, no tuvo en cuenta otros posibles cambios derivados del cambio climático, como una variación de las precipitaciones o un aumento de la temperatura.

“Me sorprendió ver la magnitud de la absorción de carbono que detectamos después de tan solo diez años, que es un periodo no muy largo de la vida de un ecosistema”, afirmó el biólogo.

Los hallazgos de este estudio ayudarán a la comunidad científica a determinar con más precisión cuánto C02 permanece en la atmósfera contribuyendo al cambio climático y cuánto se almacena en la tierra o el océano en otras modalidades de contención del gas.

El estudio “ha subrayado la importancia de estos ecosistemas áridos“, declaró Evans.

El experto apunta que estos territorios son un gran almacén de carbono y, “a medida que los niveles de CO2 suben, subirá su absorción de CO2 de la atmósfera”.

Ayudarán a eliminar parte de ese exceso de dióxido de carbono que se emite a la atmósfera; no pueden absorberlo todo, pero ayudará”, señaló.

El estudio, realizado con fondos públicos, pretendía desentrañar una de las grandes incógnitas del calentamiento global: el grado en que los ecosistemas terrestres absorben o liberan dióxido de carbono a medida que este aumenta en la atmósfera.

Se consideran zonas áridas las que reciben menos de 254 milímetros de lluvia al año. Junto con las semiáridas, que reciben unos 508 milímetros anuales, suponen casi la mitad de la superficie terrestre total de la Tierra.

Los científicos señalan que el terreno de las zonas boscosas, al contener más materia orgánica, acumulan más carbono por metro cuadrado, pero la importancia de las zonas áridas es por su extensión.

Al ocupar buena parte del planeta, pueden tener un efecto significativo para contrarrestar el cambio climático.

Por otro lado, los expertos muestran su preocupación por el efecto que puede tener en estos ecosistemas el crecimiento de la población y la presión para urbanizar y explotar nuevos terrenos.

“El terreno es muy valioso -dijo Evans-. Puede producirse mucho crecimiento en estas áreas áridas y no sabemos lo que esto haría al equilibrio de carbono en estos sistemas”.

Fuente: EFE

 

“Para 2100 las ciudades estarán sumergidas bajo el agua”


Si no se reducen las emisiones de dióxido de carbono, la situación en el planeta puede empeorar drásticamente y la vida para millones de personas será cada vez más difícil, advierten los ambientalistas.

clima“En 2100 la Tierra tendrá 1.000 millones de habitantes, una cifra significativamente reducida respecto a la actual, debido al avance de los mares”, indica un artículo del diario italiano ‘La Repubblica’ basándose en datos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU (IPCC).

“Olas destructivas arrasarán varias ciudades costeras, y sus habitantes abandonarán las llanuras inundadas o desecadas huyendo de las enfermedades tropicales”, agrega el diario, corroborándose en el informe del IPCC presentado la semana pasada en Estocolmo.

En el dosier “se indica que, en los últimos 30 años, cada década ha sido más caliente que la anterior. En todo el planeta se derriten los glaciares. Cada tres años los mares le ganan un centímetro a la tierra firme. La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera está al borde de lo permitido: dentro de 10 años habremos sobrepasado los niveles considerados seguros, y las causas son el uso indiscriminado de combustibles y la deforestación”.

De acuerdo con los datos del IPCC, a pesar de todo existe una manera de evitar esta catastrófica situación. “Podemos lograr que la temperatura aumente solo un grado, pero para ello durante algunos años las emisiones de CO2 deben reducirse a la mitad. Actualmente la emisión de gases de efecto invernadero aumenta según el peor de los escenarios”, señala el artículo.

“De no haber cambios en la producción de energía, la vida para los millones de personas que viven en las costas será muy difícil. Nueva York será azotada por huracanes como el Sandy. En la mayor parte de Florida tendrán que sustituir los coches por canoas”, continúa.

Según el rotativo, en Bangladés el avance del mar dará lugar a un éxodo de personas de proporciones bíblicas, y Estados enteros, como Maldivas, desaparecerán del mapa. “El número de refugiados ‘ambientales’ para el año 2050 alcanzará unas 200.000 o 250.000 personas”, agregó el periódico.

Mientras, en “Australia las olas de calor provocarán prolongadas sequías. Entre las víctimas del calentamiento global también estarán las barreras de coral, que debido al incremento de las temperaturas y la acidificación del océano desaparecerán”.

Por su parte, los investigadores del IPCC concluyeron que a finales de siglo las condiciones de vida en el planeta serán cada vez más difíciles si no se toman ahora las medidas necesarias para proteger el medio ambiente.

http://www.republica.com.uy

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