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Detectan “basurales” y carencias alimenticias en hogar del INAU


INFORME DEL INSTITUTO NACIONAL DE DERECHOS HUMANOS

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Técnicos del Mecanismo de Prevención de la Tortura (MNP) de la Institución Nacional de Derechos Humanos detectaron la existencia de basurales en dos sectores del Centro de Ingreso Estudio Diagnóstico y Derivación (CIEDD).

Este establecimiento es la puerta de entrada de menores infractores al Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente del INAU.

“(El lunes 15) se constató la existencia de basurales en los patios de los sectores -aparentemente son restos de las pertenencias de los adolescentes dejadas cuando se mudaron hace ya más de 3 meses- y un aspecto general de abandono y desidia en el mantenimiento del lugar”, señala el informe publicado ayer en la página web de la Institución de Derechos Humanos.

El CIEDD hoy está desocupado y no es cierto que hayan basurales, dijeron fuentes del INAU a El País.

Quemado.

Los menores del Centro de Diagnóstico fueron derivados al Centro de Seguridad inaugurado en setiembre de este año. Hoy hay 59 internos en ese centro.

Los técnicos constataron que la comida es mala. “Se constata que el guiso estaba quemado y los fideos apelmazados y pegados en el fondo de la olla”, relataron.

http://www.elpais.com.uy/informacion/detectan-basurales-carencias-reparticion-inau.html

Más de 130 empresas chinas fabrican y exportan elementos de tortura


AMNISTÍA INTERNACIONAL

El número de empresas chinas que exportan “instrumentos de tortura” ha aumentado ostensiblemente durante la última década, según informó Amnistía Internacional (AI).

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Elementos de tortura comercializados por empresas chinas. Foto: AFP

La preocupación de la ONG estriba en que muchos de estos dispositivos puedan caer en manos de violadores de los derechos humanos en todo el mundo.

Más de 130 empresas chinas producen y exportan actualmente picanas eléctricas, esposas para las muñecas y el cuello entrelazadas por una cadena y otros “equipos potencialmente peligrosos”, mientras que en 2003 éstas eran 28, de acuerdo a un informe conjunto de la organización con sede en Londres y Omega Research Foundation.

Una de estas empresas, China Xinxing Import and Export Corporation, de propiedad estatal, que incluye en sus lista de productos pistolas de descargas eléctricas y sillas de sujeción, vendió mercancía por un monto de 100 millones de dólares a por lo menos 40 países africanos desde 2012, según el informe.

Picanas eléctricas de esta sociedad han sido vistas en manos de policías de países como Ghana, Egipto, Senegal y Magadascar, añade.

Algunos artículos comercializados “son intrínsecamente crueles e inhumanos y deberían ser erradicados”, afirma AI.

Siete empresas chinas ofrecen en sus catálogos bastones erizados de puntas metálicas. Los mismos habrían sido utilizados por la policía de Camboya y fuerzas de seguridad de Nepal y Tailandia, entre otros.

“No hay excusas para fabricar y comercializar equipos cuyo objetivo sea torturar o infrigir un trato inhumano o degradante” a seres humanos, señaló Patrick Wilcken, experto de AI en este rubro y coautor del informe.

Otros materiales, que podrían tener una utilización “legítima” para mantener el orden, como vehículos antidisturbios, gases lacrimógenos o balas de goma, son vendidos a policías reconocidas por cometer graves abusos.

“El sistema de exportación viciado de China ha permitido prosperar al comercio de la tortura y de la represión”, deplora AI. “Es urgente para las autoridades chinas reformar de fondo su legislación comercial con la finalidad de poner término a estas trasnferencias irresponsables de materiales”, añade.

Además, si bien China formalmente no acepta el maltrato o tortura a los detenidos, con frecuencia se producen denuncias sobre confesiones logradas mediante esto métodos.

Asimismo, si bien hay reglamentaciones y prohibiciones para la fabricación de este tipo de material, éste termina siendo exportado a otros países.

http://www.elpais.com.uy/vida-actual/empresas-chinas-fabrican-elementos-tortura.html

 

Informe internacional condena reclusión de menores en INAU


FUNCIONARIO DIJO QUE EL HOGAR SER ES UN “DEPÓSITO HUMANO”

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos difundirá hoy un informe crítico sobre la institucionalización de menores en hogares del INAU. Fundamentalmente cuestionará la situación del Hogar SER y el enfoque de las políticas sociales.

Hogar Ser

En los últimos días la relatora sobre Derechos Humanos de la Niñez de la (CIDH), Rosa María Ortiz, visitó diversos hogares del INAU que albergan a adolescentes infractores y niños abandonados en condiciones de ser adoptados.

Sus conclusiones, si bien advierten mejoras en algunos centros, cuestionan duramente las condiciones de reclusión en el Hogar SER, que así suma un nuevo informe condenatorio. Antes lo hicieron la Institución Nacional de Derechos Humanos y unas treinta organizaciones sociales que, incluso, exigieron la renuncia del director del Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (Sirpa), Ruben Villaverde.

“Por más buena voluntad y más allá de los esfuerzos y los cambios que uno puede ver, se puede observar el ejemplo muy positivo de (Hogar) Ituzaingó y, enfrente, el ejemplo de todo lo negativo, de lo que no debe ser: el Hogar SER. Entonces, uno puede ver el esfuerzo, se redobló el presupuesto y se duplicó el número de funcionarios, pero el desafío es que los niños no pasen a ese sistema. El sistema de protección y el sistema de justicia juvenil representan el fracaso de las otras políticas. Si los chicos entran ahí es porque fracasaron las otras políticas”, sostuvo Ortiz el pasado miércoles cuando compareció ante la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados.

El Hogar SER, junto a otros del Sirpa, ha estado a lo largo del año cuestionado por informes y denuncias judiciales que aluden a golpizas, torturas, hacinamiento y pésimas condiciones para los internos.

En su visita al país, Ortiz fue acompañada por el director adjunto de Derechos Humanos de la Cancillería, Gabriel Winter. El funcionario fue más explícito aun al hacer uso de la palabra en el Parlamento.

“Hay una cosa que nos llamó la atención con la relatora. Precisamente, en la visita a los establecimientos de privación de libertad encontramos el hogar Ituzaingó, que es un modelo y cruzando la calle, a 100 metros, el hogar SER. En el mismo establecimiento conviven dos modelos absolutamente opuestos. Eso muestra que lo que hablamos es posible. En ambos casos se trata de menores infractores del interior y de Montevideo, con distintas tareas. En un mundo se convive sin rejas, manipulando cuchillas de hojas de 25 y 30 centímetros sin que pase nada, estaban haciendo ravioles en clara armonía. Incluso, había un chico del interior que se dedicaba a tareas de agroproducción. No había ningún problema. El otro caso (Hogar SER), lamentablemente, es un depósito humano”. 

Críticas.

Ortiz cuestiona una tendencia excesiva del Estado a institucionalizar niños y adolescentes, con el destino de un enorme presupuesto que no revierte las causas sociales que llevaron a esos jóvenes a estar allí y la ausencia de coordinación entre la políticas sociales estatales.

“Hoy en día, luego de visitar las instituciones, soy consciente de su mejoramiento en muchos aspectos pero, lastimosamente, es triste ver que recursos tan grandes se inviertan en un reducido número de niños, que son menos de cinco mil (en condiciones de ser adoptados). La cantidad de recursos que se invierte ahí debería dedicarse, sobre todo, a los lugares de donde vienen estos niños. Los sistemas de protección tienen que ser la alerta para decir: “De tal lugar están viniendo tales problemas que precisan ser atendidos para prevenir”. Y no solamente tiene que apuntarse a mejorar eso otro, aunque es cierto que la atención tiene que ser adecuada, que no debe haber una revictimización. De cualquier manera, la revictimización empieza en el momento en el que el niño entra al sistema, ya sea de protección o de adolescentes en conflicto con la ley. Entrar a ese sistema, aunque le llamemos de protección, significa un costo muy fuerte para los niños”, afirmó.

Según Ortiz, pese a los cambios del marco jurídico destinado a proteger a la infancia y la adolescencia, “siguió la fuerte apuesta a una institución tipo patronato que se ocupa de los niños con problemas y no operó la fuerza del cambio en el sentido de comprender que atender a los niños no implica solo atender a los que tienen problemas. Atender a los niños tiene que ver con atenderlos antes y para que no tengan problemas. Y esto otro tiene que ser una parte muy reducida del presupuesto que se invierta”.

Si bien destacó la existencia de políticas educativa, sanitarias y el programa “Uruguay Crece Contigo”, sostuvo que “todavía sobresale en Uruguay la fuerza tan grande” de la institucionalización. “Setecientos adolescentes (infractores) privados de libertad y alrededor de tres mil niños en instituciones comen un presupuesto enorme, porque atenderlos implica tres turnos de funcionarios. Entonces, uno ve un hogar que tiene unos cuarenta o cincuenta niños y cincuenta funcionarios. Eso es muy costoso y a los niños no les sirve estar institucionalizados. Ahí no se aprende la vida cívica ni sobre las relaciones familiares. Ahí se aprende sobre la segregación, el maltrato y la exclusión. Los hijos de esos chicos terminan en las instituciones”, afirmó.

El Estado está “para atender a las familias que no saben cómo hacerse cargo de sus niños, en lugar de que esas familias tengan el servicio del Estado en la comunidad”, explicó.

Según Ortiz “es absurdo gastar tanto dinero para dar una atención que perjudica a un niño en lugar de destinarlo a la familia, para que tenga apoyo en una buena guardería, soporte psicológico o ayuda en la búsqueda de trabajo”.

También apuntó a la “desarticulación” de los programas sociales y la ausencia de coordinador. “No es que no existan, sino que no hay comunicación entre ellos. Los programas de atención a los niños no se vinculan estrechamente con los programas de prevención”, dijo.

Informe sobre situación de la niñez en el INAU

El martes la Comisión Interamericana de Derechos Humanos presentó su informe “Derechos del niño y la niña a la familia. Cuidado alternativo poniendo fin a la institucionalización en las Américas”. El trabajo cuestiona aspectos de las políticas estatales de Uruguay hacia la niñez.

Se señala que en Uruguay, así como en Guatemala, México y Paraguay, la Comisión tuvo conocimiento “de situaciones en las cuales niños y niñas de diversas edades compartían instalaciones y servicios con personas adultas ingresadas en el mismo centro; este tipo de situaciones han sido detectadas en particular en establecimientos residenciales que prestan cuidados a personas con algún tipo de discapacidad o con alguna condición médica”.

En el caso concreto de Uruguay, alude a una institución “que aloja a más de 80 personas con discapacidad de todas las edades; en su mayoría ingresan siendo niños o adolescentes pero permanecen allí aún alcanzada la mayoría de edad dadas las escasas posibilidades de integración familiar y comunitaria. Al respecto, la Comisión enfatiza la necesidad de que existan secciones especializadas para el tratamiento y atención de la población infantil y adolescente, separadas de las secciones y de las instalaciones para adultos.

La comisión señala que Uruguay, así como El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Perú y República Dominicana, ha sido observado en reiteradas ocasiones por “la excesiva utilización de la institucionalización de niños”.

La Comisión celebra que Uruguay haya aprobado legislación que establece un plazo máximo de permanencia de los niños pequeños en las instituciones.

Experta en DD.HH.

La Comisión Interamericana la designó como Relatora para los Derechos Humanos de la Niñez el 26 de enero de 2012. Se graduó en comunicación social y es experta en los derechos de niños y niñas. Fue vicepresidenta del Comité de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño y asesora de Derechos Humanos y Diversidad Cultural de la Secretaría Nacional de Cultura de la Presidencia de la República del Paraguay. Es fundadora y miembro de varias organizaciones de derechos humanos, como Decidamos, Global, Tekoha, Callescuela y Taller de Comunicación y Educación Popular. En 2003 recibió el premio Mujer Paraguaya de la Secretaría de la Mujer de la Presidencia.

http://www.elpais.com.uy/informacion/informe-internacional-condena-reclusion-menores.html

Derechos humanos: apelan a instituto


“Hay africanos en condiciones muy difíciles”, sostienen

La Institución de Derechos Humanos fue contactada por una abogada del sindicato de la pesca y por Mundoafro y hoy se le presentará una denuncia por escrito referida a la situación de estos 28 africanos.

derechos-del-nincc83o-10-mafaldaUn integrante del organismo les comunicó que no pueden actuar con relación a empresas privadas, pero sí lo harán si las instituciones públicas involucradas incumplen sus cometidos.

Al pasar por la puerta del hotel, el senador frenteamplista Ernesto Agazzi fue informado de lo ocurrido y dialogó con el embajador itinerante Romero Rodríguez, sindicalistas y funcionarios de Migraciones.

Efuka Lontange, coordinador del Centro Uruguay-África, dijo que “hay muchos africanos en condiciones muy difíciles. Sufrieron esclavitud en el barco y eso no puede ocurrir en Uruguay”.

Hasta ayer, la Organización Internacional de las Migraciones no recibió consultas o solicitudes de asistencia por este caso.

http://www.elpais.com.uy/

Un símbolo de paz


Edy Kaufman durante la entrevista con la diaria.

Kaufman pide que Uruguay ayude a las diásporas israelí y árabe para que “exporten” hacia Medio Oriente su cultura de convivencia.

El académico y activista Edy Kaufman trabajó desde Amnistía Internacional (AI) en denunciar las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura uruguaya. Entiende que ahora es Uruguay el que tiene una oportunidad de contribuir a la paz, en este caso entre israelíes y palestinos. Para aportar a la solución de ese conflicto, impulsa acciones en Montevideo y en otros países de América Latina. Está convencido de que se puede revertir la tendencia de las diásporas a ser más extremistas que los propios habitantes de los países en conflicto y de que es posible “exportar” la paz.

Kaufman, de 71 años, nació en Argentina, donde creció su “admiración” por el “civismo” uruguayo, antes de instalarse en Israel. Fue integrante de la junta directiva de AI, director del Instituto Truman para la Paz y es un referente en el trabajo para la resolución de conflictos a partir de la “diplomacia ciudadana”. Escribió 13 libros y 70 artículos académicos, en los que expuso sus investigaciones, entre ellas varias sobre el conflicto en Medio Oriente, pero también otras que tuvieron como objeto Uruguay.

Visitó Montevideo la semana pasada para recibir un Doctorado Honoris Causa de la Universidad de la República y el título de Visitante Ilustre en la Intendencia de Montevideo, en reconocimiento al trabajo que desplegó durante la dictadura uruguaya, cuando la campaña que él impulsó desde AI colocó lo que ocurría en Uruguay “en el mapa mundial”.

-¿Podría recordar un poco aquellas campañas contra la tortura en Uruguay, durante los años 1975 y 1976, que le valieron los reconocimientos que acaba de recibir?

-Nací en Argentina, me politicé muy joven, y siempre tuve una gran admiración por la cultura cívica de los uruguayos. Cuando empecé como profesor universitario en la Universidad Hebrea en 1970, daba un curso que se llamaba “Movimientos de guerrilla y de protesta en América Latina”. Cuando Salvador Allende llegó al gobierno en Chile, como muchos otros académicos jóvenes fui para allá a ver esa maravilla que era entonces un gobierno marxista que llegaba al gobierno por las urnas y no por la guerrilla. Cada vez que pasaba por Uruguay, entre 1971 y 1973, veía cómo los militares iban tomando más poder. Entrevisté a políticos, reuní declaraciones de la Junta de los comandantes, y me decía “acá está pasando algo terrible”. Cuando cayó Allende dije: “¿qué hago ahora, voy a escribir un libro sobre Chile?”. En ese momento Uruguay todavía tenía presidente civil, Juan María Bordaberry, y después vino lo de Argentina y los desaparecidos. Dije: “De Argentina todo el mundo habla, de Chile todo el mundo habla, pero no de Uruguay, la Suiza, que ya no es Suiza”. Así empecé a escribir un libro, que se publicó en 1979 en Estados Unidos: Uruguay en transición democrática, de gobierno civil a militar.

-¿Cómo fue que comenzó a trabajar en Amnistía?

-En 1975 tuve un año sabático en la Universidad Hebrea por primera vez y pensé en ir a Amnistía en Londres y hacer un año de trabajo práctico, no teórico, en Derechos Humanos, además de terminar el libro sobre Uruguay. Me ofrecieron remplazar a la directora para las Américas, que estaba embarazada, y dije que sí pero que quería trabajar sobre Uruguay. Quedé a cargo de Uruguay y Paraguay. En Europa y Estados Unidos el tema Uruguay había sido totalmente irrelevante comparado con Chile y Argentina. En el 73 hubo una primera conferencia mundial contra la tortura en París y entonces sugerí que la primera campaña internacional contra la tortura fuera sobre Uruguay, porque comenzaban a llegar fotos de muertes por tortura. Cuando devolvían a un detenido que había muerto prohibían a las familias abrir el ataúd. Pero a veces lo abrían -el caso más famoso fue el de Álvaro Balbi- y se veían las marcas de tortura.

-¿Cuántos casos documentaron?

-Llegamos a juntar 18 casos de muerte por tortura, seis o siete con fotos. Se me ocurrió el eslogan: “Uno de cada cinco uruguayos en el exilio, uno de cada 50 uruguayos detenido, interrogado y torturado y uno de cada 500 uruguayos en prisión”. Amnistía consideraba preso de conciencia a todo aquel que fuera apresado por sus ideas, su orientación sexual, su etnia o su religión, pero que no hubiera usado la violencia, o abogado por usarla. Le hicimos un expediente a cada preso, con foto, abogado, y en 70 países del mundo había gente de Amnistía que lo adoptaba como “su preso”, para que fuera liberado. Durante 60 o 90 días, en distintas ciudades del mundo -sin avisar en cuál- hubo protestas contra la tortura y por la liberación de los presos. Unos diez días antes estaba listo el folleto para la campaña y fuimos a las embajadas uruguayas de Londres, Washington, París y en la Organización de las Naciones Unidas [ONU] y anticipamos la campaña por si el gobierno tenía alguna observación o comentario. En el diario El País, y en otro que no recuerdo, salió en portada: “Conspiración comunista internacional contra el Uruguay”. Uruguay no estaba en el mapa, pero de repente la campaña hizo un ruido tremendo en 70 países.

-¿Cómo reaccionó la dictadura?

-Los 70 grupos empezamos a juntar direcciones de oficiales del Ejército. Cuando podíamos, en la guía telefónica, buscábamos sus domicilios y si no, los de los cuarteles. Reunimos las de unos 200 oficiales. Los grupos de Amnistía empezaron a escribirle a cada uno: “Estimado comandante tal y tal, somos admiradores de Uruguay en Suiza, creemos que es un país muy bonito y estamos preocupados por la imagen que se ha generado, por el hecho de que se tortura a los presos políticos. ¿Podría ayudarnos?”. El mensaje no decía que era de Amnistía. Las reacciones fueron increíbles. Un general pidió en la prensa que ningún oficial del Ejército contestara cartas de “esa campaña difamatoria” y dijo que Amnistía estaba detrás. Así recibimos las dos primeras fotos originales de torturados, junto con una carta destinada al papa, al Vaticano, con copia a nosotros. Investigamos si el Vaticano había recibido el original, nos dijeron que no había llegado nada, y hasta ahora no sabemos si hubo original. Pero Amnistía siempre verifica la información que recibe de alguien que no conoce, en este caso era de un tal Capitán [Julio César] Cooper que decía que él había torturado, pero que en un momento le tocó un amigo de secundaria y no lo pudo hacer y se fue para Argentina. Un integrante de una ONG católica de Londres fue a Uruguay a abrir una filial y nos ayudó a confirmar la veracidad de las imágenes. Entonces hicimos público el dato en la hora de más audiencia en Londres. Llamaron al embajador uruguayo en Londres a ver qué podía decir de esas fotos, él se confundió y respondió “no coment”. Finalmente Cooper se movilizó a favor de los derechos humanos y habló en Ginebra ante una comisión de la ONU. La otra cosa fue la enmienda Koch, que llevó al fin de la ayuda militar de Estados Unidos a Uruguay.

-En el camino usted trabajó para salvar a Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz y Wilson Ferreira.

-Amnistía quiso llevar a Estados Unidos a uno de esos dirigentes uruguayos que estaban en Buenos Aires para una audiencia pública en el Congreso. Yo también estaba invitado y pensamos que el otro invitado tenía que ser un blanco, por ser de un partido de derecha, ya que estaban los republicanos en el gobierno. Era la administración del presidente Gerald Ford. Pero la Embajada de Estados Unidos en Argentina no daba la visa y mientras esperábamos capturaron a Gutiérrez Ruiz y a Michelini. Sabíamos que los detenidos solían ser asesinados después de 48 horas más o menos de su captura, así que tratamos, contrarreloj, que el Departamento de Estado le dijera al embajador en Buenos Aires que le dijera a Videla: “Mañana, estos tres -Wilson también- tienen que estar en Washington porque tienen una audiencia”. El Congreso de Estados Unidos le pidió al Departamento de Estado que hiciera el pedido, pero el embajador en Buenos Aires dijo que sólo le pidieron que averiguara lo que estaba pasando. En el Departamento de Estado dijeron que como era fin de semana había suplentes y que la orden no fue muy clara, por lo que no pudimos rescatarlos. Todo el esfuerzo se volcó en salvar a Wilson y a Juan Raúl [Ferreira].

-¿Cómo se llegó a la enmienda Koch?

-El Departamento de Estado pidió una semana de receso en el Congreso y [el subsecretario para América Latina, Hewson Ryan] se fue a Montevideo para volver con noticias frescas y decir que Amnistía estaba desconectada de lo que ocurría. Tuvimos una semana para preparar preguntas y hacerlo caer. Se esperaba que el embajador Ryan dijera que se había exagerado el número de presos, y se esperaba que llevara a la audiencia un número específico y así fue. No me acuerdo del número que dijo pero fue algo así como 2.128. Habíamos hecho cálculos en función de la capacidad de las cárceles, que sabíamos que estaban hacinadas, y de los registros de los tribunales militares, así calculamos alrededor de 5.000 presos. Ante la afirmación de Ryan, se le preguntó: “¿usted los contó?”, y él dijo que no, que eran cifras del Ministerio del Interior [uruguayo]. Le respondimos que no era una fuente fiable y le preguntamos si había consultado a organismos de derechos humanos como el Serpaj [Servicio Paz y Justicia]. Él respondió que no, y en cada pregunta quedaba mal parado. Al final le dijimos: “Acá se ven las violaciones a los derechos humanos y nosotros tenemos una enmienda -la 502B- a la ley de ayuda exterior, que dice que se tiene que cortar la ayuda militar a aquel gobierno que cometa graves y sistemáticas violaciones a los derechos humanos”. Entonces Ryan respondió: “no puede hacer usted eso porque tenemos un treaty like obligation [una obligación semejante a la de un tratado]”. Pero los congresistas preguntaron: “¿Qué es treaty like? ¿un tratado que se hace a las espaldas del Congreso?”. Así que se cortó la ayuda militar. Fue una gran suerte, estábamos muy bien preparados y los congresistas eran simpatizantes, no cabe duda. A Amnistía se le debe que Uruguay haya salido de la oscuridad. El Honoris Causa lo tengo que compartir con esa gente de Amnistía y también con el montón de uruguayos que se movilizaron desde adentro y desde el exilio.

-Ahora usted trabaja enfocado en otros conflictos.

-En esos momentos históricos hubo mucha solidaridad hacia Uruguay desde afuera y yo no veo este doctorado como un reconocimiento por los servicios prestados en el pasado sino como un compromiso con el presente y el futuro. Uruguay y toda América Latina hoy están pasando por una de sus mejores etapas en la historia y quizás por eso ustedes ahora tienen que ayudarnos allá en Medio Oriente, que estamos pasando por una de las peores etapas de nuestra historia, sobre todo en el conflicto israelí-palestino.

-¿En qué consistiría esa ayuda?

-En su momento, Noruega ayudó en el proceso Oslo, entonces que no se achique Uruguay, que tiene la misma población que Noruega. Y Uruguay ha tenido mucha incidencia en los primeros años, cuando el conflicto comienza oficialmente, desde 1947, con Enrique Rodríguez Fabregat [representante uruguayo ante la ONU, integrante de la Comisión Investigadora para Palestina de esa organización], que fue el que inspiró la declaración de división de dos estados, el plan de la partición [de Palestina para la creación del Estado de Israel y el palestino]. Uruguay y América Latina también tuvieron un papel importante en 1967, después de la Guerra de los Seis Días, en la que Israel conquistó muchos territorios: el Sinaí de los egipcios, el Golán de los sirios, Cisjordania y la parte oriental de Jerusalén. En la ONU hubo entonces dos proposiciones. Una era la yugoslava, que era soviética y que decía que Israel debía retirarse incondicionalmente de los territorios ocupados. Otra era la de América Latina, en la que Uruguay jugó un rol muy importante, que decía que Israel debía retirarse -se discutía si de algunos territorios o de todos-, pero esto condicionado a que hubiera una paz justa y duradera. Por eso Uruguay tuvo ese rol muy constructivo, y ahora lo está completando al haber reconocido al Estado palestino [en la Asamblea General de la ONU] y haber completado la otra parte de la ecuación.

-¿Qué efecto piensa que puede tener este reconocimiento del Estado palestino?

-Yo personalmente estoy contento de que Uruguay haya apoyado esto porque, en primer lugar, le da más prestigio a la Autoridad Nacional Palestina [ANP], que es el sector moderado palestino, que quiere hacer la paz con Israel en dos estados, y así saca cierto prestigio ganado por Hamas unos días antes, en esa guerra corta de Gaza, de la que Hamas sale medio convertido en héroe para algunos países árabes y otros del mundo. Hamas es un movimiento que se opone a reconocer a Israel en cualquier frontera: Israel no existe. Es un movimiento islámico fanático que habla del califato, entiende que donde el islam gobernó debe volver a gobernar, incluso en parte de España. Lamentablemente del lado judío también tenemos algo parecido con unos judíos muy fanáticos, que son los asentados en Cisjordania, que hablan de la tierra prometida. Y por cierto que si uno se va a buscar la historia, las 13 tribus que se instalaron en la tierra prometida incluían no sólo Cisjordania sino también Jordania. Muchos palestinos y muchos israelíes dicen que el único lenguaje que entiende el otro es la fuerza. Con esa premisa, Hamas es el héroe. En cambio, la ANP está por la lucha no violenta, y es algo que ha aprendido en forma muy dura.

-En este punto, ¿piensa que Uruguay tiene un papel por desempeñar en los conflictos de Medio Oriente?

-Uruguay jugó un papel histórico, y ahora en el marco del Mercosur. Estuve en Brasil y vi que Itamaraty está también muy interesado, y también Argentina. Yo creo que un papel que no sea a favor de un lado o del otro, sino a favor de la paz, puede cumplirse al estimular a las comunidades árabe y judía a trabajar conjuntamente por la paz, y en buscar la forma de no importar el conflicto palestino-israelí acá. Si uno no hace nada para ayudar a que llegue la paz, está el peligro de que se importe el conflicto, como pasó por ejemplo en Argentina, donde voló la embajada de Israel y la mutual israelita AMIA, algo que podría volver a pasar si Israel bombardea las instalaciones nucleares de Irán. Lo que se puede hacer es, a la inversa, exhortar a las comunidades árabe y judía a que exporten allá la buena experiencia de convivencia que ha habido en Uruguay, en Brasil, Argentina, en Chile. La situación de guerra que hay allá está polarizando a las diásporas. Está generando lo que en los estudios que yo he hecho, y también mucha otra gente, se llama “nacionalismo de larga distancia”. Significa que las cúspides de las comunidades organizadas en el exilio o en la diáspora tienen a veces posturas más extremas que la gente que vive el conflicto cada día. Pasa con los armenios, con los católicos irlandeses, con los kurdos. Hay razones psicológicas que explican que es más fácil luchar la guerra de Israel desde Montevideo que desde allá.

-¿Están en marcha trabajos de diplomacia ciudadana enfocados en esa región?

-Estamos trabajando con gente de la comunidad judía y de la comunidad árabe. Hemos tenido varias reuniones. Si hay gente en ambos lados que tiene los mismos valores en democracia y derechos humanos, ¿por qué no se juntan y hacen una voz cantante unida que nos ayude allá, en lugar de aportar voces más extremas? Por suerte en los países en los que intentamos experimentos de este tipo, al golpear las puertas de la cancillería encontramos que ya están abiertas, que ellos ya están en eso. Sobre todo Brasil. Allí han hecho reuniones que se llaman “Lado a lado, diáspora judía y diáspora árabe”. A mí me han invitado. Estoy hablando también de Chile, Brasil, Uruguay, Argentina, Costa Rica. Hay un gran interés de que estos grupos -que son pequeños, obviamente- de árabes y judíos dialoguen. En mi experiencia en Brasil, la comunidad árabe y la judía fueron a Brasilia porque cuando quien convoca es la cancillería, tiene respuesta. Entonces empezó un diálogo, un poco forzado al principio, porque ellos no estaban dialogando para nada. Es un gran desafío.

En este momento las diásporas son parte del problema pero pueden ser parte de la solución. Con un esfuerzo así, inteligente y con buenas políticas de cancillería, que en este momento están a flor de piel en América Latina, el continente puede jugar otro papel. Yo creo que el Mercosur y la Unasur están interesados. En estos días, en la cancillería uruguaya, hay reuniones de delegados de varios países de la región y también encuentros de representantes de la sociedad civil judíos y árabes, de jóvenes de las dos comunidades, de mujeres. Estos grupos que se están construyendo se llaman Consenso Uruguay (toman el nombre de cada país) por la Paz palestino-israelí.

-Usted decía que mientras la ANP, que gobierna Cisjordania, es moderada, Hamas, que gobierna Gaza, es intransigente. ¿Qué piensa de las varias señales de acercamiento recientes entre Hamas y la ANP?

-Eso sube y baja. Ojalá lo haya, porque de lo contrario, Israel podría aceptar un acuerdo sólo con Cisjordania y no con Gaza, lo que sería una situación bastante irregular. Pero yo, personalmente, creo que el presidente de la ANP, Mahmud Abbas, tiene que decirle al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu: “Soy el representante del Estado palestino reconocido internacionalmente y quiero negociar”. No sólo yo pienso así. También lo piensan muchos amigos palestinos. Lo mismo piensa un colega palestino que ahora es embajador en Londres y con el que doy clases todos los veranos desde hace 18 años en la universidad de Maryland. Si Abbas dice esto y recibe una respuesta negativa, lo puede denunciar. Abbas había dicho que no negociaría porque Israel está construyendo asentamientos, y queda como que es él quien no quiere negociar. Creo que es un buen momento para hacerlo una vez que pasen las elecciones de enero en Israel, cuando ya pasaron las de Estados Unidos, con un mayor involucramiento de Barack Obama y también del mundo, con América Latina empujando fuerte. Claro que no se trata de que todo se solucione desde afuera, sino que también debe solucionarse desde adentro. El movimiento pro paz [en Israel] tiene que estar fuerte y los palestinos tienen que usar la lucha no violenta, a mi juicio, a lo Ghandi. Yo he investigado el potencial de la lucha no violenta de los palestinos ante un pueblo judío, que ha sido tan traumatizado, y creo que después de cierto tiempo, la estructura de culpa que tenemos no nos va a dejar actuar con violencia. Si todos estos factores confluyeran, algo puede moverse. Pero sabes lo que dicen en Medio Oriente, que el pesimista es un optimista informado.

-Usted se refirió a las elecciones israelíes de enero. ¿Es posible que su cercanía haya incidido en las decisiones que ha tomado Netanyahu en el conflicto con los palestinos? Me refiero a los ataques sobre Gaza o a las represalias contra los palestinos por su iniciativa ante la ONU.

-Sí, en mi opinión, es posible. Cuanto más miedo y preocupación existe, la gente se inclina a votar a un partido más militarista. También es posible que sea sólo su manera de pensar, no oportunismo. Netanyahu es hijo de un padre extremadamente antiárabe. El papá falleció y existía la suposición de que si eso ocurría, él podía cambiar de posición. Eso no pasó. Y por otra parte, él quiere ser reelecto. Todo eso ocurre, pero no por esto yo puedo decir que Hamas no provocó. Hamas sí provocó. Estaba jugando con fuego. Hubo causa y efecto. El efecto fue la acción israelí, pero hubo causa, una causa inmensa. Y también hubo responsabilidad de Hamas en la muerte de civiles. Si no hubo más civiles israelíes muertos no fue porque Hamas no quisiera, porque sus objetivos siempre son civiles, no son militares, ni políticos. Nada justifica matar a civiles ni quitarse los uniformes para mezclarse con la población civil.

Cecilia Pérez Marina González
la diaria.
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