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De una placenta uruguaya a salvar vidas en Brasil


Una parte de las placentas que las madres uruguayas donaron al momento del nacimiento de sus hijos hoy es utilizada para atender a los quemados graves en la tragedia en Santa María, Brasil. Héctor Pérez Campo, coordinador del Banco de Tejidos del Instituto Nacional de Donación y Trasplante, contó a 180 el proceso que permitió a Uruguay atender al pedido “desesperado” de los brasileños en poco más de un día, algo que no tiene antecedentes en el país.

Publicado el: 29 de enero de 2013 a las 16:36

Por: Emiliano Zecca

Sobrevivientes llegan a Porto Alegre (RICARDO GIUSTI / CORREIO DO POVO / AFP)

Sobrevivientes llegan a Porto Alegre (RICARDO GIUSTI / CORREIO DO POVO / AFP)

En la tarde del domingo el Banco de Tejidos del Instituto Nacional de Donación y Trasplante recibió un mail de Brasil. Era un pedido en carácter de emergencia del banco de tejidos de Río Grande, que funciona como coordinadora estadual. “Pidieron por favor que hiciéramos algo porque estaban tapados de enfermos quemados y no sabían qué hacer. Eso fue el domingo a las tres de la tarde. Mientras estudiamos el stock, nos dimos cuenta de que no cubríamos los tiempos. El traslado debía ser en menos de cinco horas por razones de conservación. Se tomó la decisión a nivel de gobierno de usar el avión de Ancap que utiliza el presidente y el pedido salió este lunes a las 18:30 directo a Porto Alegre. Llegó a las 21:00 y los tejidos estuvieron disponibles enseguida”, contó Pérez Campo.

La solicitud se hizo a toda América Latina a raíz del incendio de un boliche en Santa María, Brasil, que mató a 231 personas y lesionó gravemente a otras 116. Se pidieron tejidos laminares compatibles para el tratamiento de grandes quemados, que pueden ser piel o amnios (membrana fetal que recubre la placenta). Ambos se colocan en las grandes extensiones quemadas y cumplen la función de barrera en esa zona donde falta piel. Sirven para proteger del ingreso de microbios, la pérdida de calor y de líquidos o proteínas, las tres grandes causas por las que muere un quemado.

En este caso, un 50% de los sobrevivientes de la tragedia de Santa María necesita tejidos laminares y Uruguay envió una gran cantidad de amnios, que se puede conservar fresco (dura 10 días) o en gricerol (dura dos años) como lo hace Uruguay. “Tiene una característica que lo hace de elección cuando tenés un gran quemado. Si vos le ponés a la persona una membrana de amnios, automáticamente se le va el dolor. Eso no es cosa menor, porque el dolor de un gran quemado es una cosa brutal, que a veces requiere anestesia y otras altas dosis de morfina. Cualquiera de esas dos circunstancias implica drogar a una persona que se está jugando la vida, por eso el amnios da un soporte terapéutico importantísimo. Luego se retira y se repone, mientras se trata la herida y se combina con aplicación de piel”, explicó el coordinador del Banco de Tejidos.

Ese amnios es donado por las madres luego de dar a luz. Las mujeres deben manifestar su voluntad antes y si no quieren esa placenta se descarta. “Se establece que la placenta se dona con fines terapéuticos o de investigación. En ese sentido, el Instituto Nacional de Donación y Trasplante tiene convenios con diferentes instituciones. La parturienta recibe el planteo y ella en total libertad resuelve. Un porcentaje muy importante de personas decide donarla y en el momento del nacimiento se la coloca en un recipiente a 4°C y se la trae al instituto”, explicó Pérez Campo.

A nivel internacional se estandarizó que una unidad de tejido laminar es de 50 centímetros cuadrados. Pero en Uruguay se procesan productos finales de 36 centímetros cuadrados para no desperdiciar tejidos y que todo sea aprovechado. A Brasil se enviaron 200 unidades y en situaciones como ésta se usa hasta el último centímetro.

En casos de urgencia como el de Santa María, los convenios internacionales establecen que se dé prioridad, incluso por encima del propio país, a la región afectada. Uruguay es un protagonista directo en este caso porque está a 300 kilómetros de donde sucedió la tragedia. De todas maneras, se dona una parte del stock existente y se deja un “stock crítico” para la atención local y evitar que el programa nacional quede sin cobertura. Si se necesitara más, por ahora Uruguay no está en condiciones de donar porque se quedaría sin stock.

Cromañón: un punto de partida

A pesar de que las situaciones eran similares, ésta es la primera vez que Uruguay hace una donación de este tipo. Pérez Campo explicó que lo de Cromañón fue “caótico” y el Cono Sur no tenía aceitados los mecanismos logísticos para poder donar. “Quizás, como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga y lo de Cromañón sirvió para ajustar criterios de logística que hoy por hoy funcionaron de forma excelente. Pudimos darle una mano a esta gente y es la primera vez que en poco más de 24 horas se pusieron los tejidos en manos de los médicos en Brasil”, contó.

El material almacenado tiene garantía de calidad porque está chequeado y validado su proceso de conservación. En el caso de la logística hay exigencias internacionales, que refieren al traslado de material biológico entre Estados y los controles se hacen en la Aduana, también para verificar la seguridad del tejido. “Esto se logró gracias a que Uruguay es un país con una cultura de la donación y nada sería posible si atrás no hay gente o sus familiares que está donando piel como decisión en vida para el momento de su fallecimiento”, aseguró Pérez Campo.

http://www.180.com.uy

Andrade: “Hay que establecer protocolos de seguridad”


MESA DE NOTICIAS- AUDIO 1410 AM LIBRE

El secretario general del Sunca, Óscar Andrade abogó por una fiscalización más fuerte de la normativa en materia de seguridad en el sector y destacó la necesidad de establecer protocolos de seguridad y sanciones más duras contra las empresas que desconozcan la normativas. Escuche el audio.

Óscar Andrade explicó al programa Mesa de Noticias, conducido por la periodista Cristina Richeri, que el obrero que trabajaba en la construcción de la empresa Montes del Plata no tenía los “cabos de vida” para enganchar el cinturón de seguridad, lo que provocó el trágico accidente laboral. El secretario general del Sunca destacó que la problemática de la salud laboral no puede enfocarse como un tema de mala suerte y estimó necesario la implementación de mayores controles en el cumplimiento de la normativa vigente en materia de seguridad.

Con respecto a la situación de la empresa extranjera Ukitig Oy, (sub contratada por Andritz) que trabaja en la obra de Montes del Plata, Andrade dijo que se hace muy difícil que las empresas extranjeras se adapten a las normativas de seguridad uruguayas. En ese sentido, dijo que el personal mayoritariamente es extranjero y están acostumbrados a trabajar en condiciones “peores” a las de Uruguay.

El secretario general de Sunca subrayó que el pasado viernes desde el sindicato mantuvieron una reunión con la comisión paritaria donde se plantearon 2 denuncias y una de ellas era para la empresa en cuestión por temas referidos a seguridad. Andrade dijo a Mesa de Noticias que la denuncia refería a que la empresa optó por colocar a los trabajadores delegados en seguridad en tareas “lejos” de la zona en donde se concentra el trabajo que implica eventuales riesgos. Esta decisión empresarial impedía al delegado hacer su respectiva tarea de control de seguridad.

En ese sentido, Andrade fue categórico al expresar la imperiosa necesidad de un protocolo de seguridad antes de que se inicien las tareas de producción y estimó pertinente considerar como una falta gravísima por parte del encargado, mando medio o capataz envíar al trabajador a hacer un trabajo de riesgo.

Dijo que existe una etapa de recambio de personal en el sector de la construcción y puntualizó que existen actualmente aproximadamente unos 5 mil trabajadores dedicados a la obra civil que empiezan el proceso de reducción de personal. A su vez, otro número similar de trabajadores de montaje comienzan sus tareas en obras.

No se pierda el programa Mesa de Noticias por 1410 AM LIBRE de lunes a viernes en sus dos ediciones de 7 a 8 y al mediodía de 12 a 13 horas.

En Artigas hay 55 nuevas viviendas de emergencia


Techo Uruguay

Familias de asentamientos de Bella Unión y Artigas, junto con 350 voluntarios de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, construyeron 55 viviendas de emergencia.

Con la organización de Techo Uruguay, las construcciones se realizaron en cuatro días en los asentamientos La Aguja y Cuareim de Bella Unión y en Cerro San Eugenio y Cerro Ejido de la capital departamental, señala un comunicado de la institución.

La tarea estuvo a cargo de cuadrillas compuestas por 350 jóvenes voluntarios junto con los integrantes de las familias beneficiadas. El quinto día fue utilizado para la realización de actividades comunitarias, que permitieron a los vecinos y voluntarios la instalación de pozos negros y basureros en Bella Unión, así como la construcción de una plaza y la refacción de otra en Artigas.

La actividad, denominada Construcción de Verano 2013, es la primera que Techo organiza en el departamento de Artigas. “Según los datos recabados durante el Catastro Nacional de Asentamientos 2010 de Techo, en el departamento de Artigas existen veinticuatro asentamientos y se observa la situación de emergencia habitacional que afrontan las familias. Debido a esta urgente realidad, decidimos trabajar en el lugar”, explicó Sebastián Brum, director regional de Techo Uruguay y responsable de coordinar las actividades de la organización fuera de Montevideo.

Por su parte, el director general de la organización, Tomás Villamayor, afirmó: “Los voluntarios y las familias se pronunciaron en Artigas en un llamado a toda la sociedad, con la convicción de que no hay fronteras cuando la lucha es por alcanzar una sociedad más justa y sin pobreza, y que esta causa es tan uruguaya como de toda Latinoamérica”.

diario la republica.

Solo hay un caso de dengue y no es autóctono


Ministro de salud pública

Ayer se reunieron en el MSP los directores departamentales de salud de todo el país para presentar informes acerca de la situación de cada departamento sobre el control del Aedes Aegypti. Allí, el ministro Jorge Venegas confirmó que no hay dengue, “lo que sí hay es un caso de dengue contraído desde el exterior”.

En la reunión entre el ministro de Salud Pública y los directores departamentales de Salud fueron presentados los informes pormenorizados sobre la situación epidemiológica de cada departamento en referencia al control del mosquito trasmisor del dengue.

También se trató acerca de las acciones efectuadas por los respectivos Comités de Emergencia Departamentales y los planes sanitarios de contingencia ante una eventual epidemia de dengue.

Tras este encuentro, el secretario de Estado expresó que se ha encontrado larvas y se realizaron los análisis correspondientes a pacientes de casos sospechosos que acudieron a consultas.

“Hoy podemos confirmar que el único caso confirmado es un paciente que viajó a Costa Rica y ahora se encuentra internado en un sanatorio de Montevideo (en le Británico)”, expresó Venegas.

En referencia al caso sospechoso del paciente de Paysandú, el ministro subrayó que “el resultado del análisis dio negativo, por lo tanto no tenemos dengue autóctono”.

Situación expectante

También explicó que el país se encuentra en situación de alerta pero no de alarma, y que el MSP fomenta la información y la coordinación con los comités departamentales en función de evitar la generación de ambientes donde el mosquito pueda estar, al tiempo que se elaboró un plan de contingencia y diagnostico a nivel sanitario.

Venegas sostuvo que en caso de ser constatada una situación de dengue, el Sistema Nacional de Salud, público y privado, tiene un plan de contingencia adecuado.

“Los pacientes tienen tres tipos de tratamiento: domiciliario, tratamiento en centros de salud y el otro, en caso de ser necesario, es un tratamiento en un centro de salud con servicios especializados”, recordó el jerarca.

Venegas concluyó explicando que la fumigación no es recomendable para el caso del mosquito Aedes Aegypti, y que la semana entrante equipos de prevención estarán visitando Rivera, Artigas, Cerro Largo y Rocha.

Investigan otro posible caso en Salto

Las autoridades sanitarias salteñas estudian un caso con sintomatología del Aedes Aegipty en una mujer que ingresó al Sanatorio Uruguay (privado) de la citada ciudad litoraleña. La situación de la paciente es vigilada.

Al mismo tiempo se puso en marcha el protocolo pertinente ante la enfermedad y se hizo la denuncia ante el MSP.

El director técnico del centro asistencia, doctor Hugo Olaizola indicó que hasta el momento se trata de una “sospecha” y como es de trámite se envían los análisis al MSP donde se realizan los estudios de rigor.

Se trata de una persona que no ha viajado y presenta síntomas similares al dengue, motivo por la cual se la aísla y se procede como establece el protocolo.

El resultado de los análisis se conocerá en las próximas horas, y de tratarse del dengue, sería un caso autóctono porque la afectada no viajó al exterior.

Pibas de los astilleros


Paola Fierro, soldadora en el astillero y dique de la Armada.
Paola Fierro, soldadora en el astillero y dique de la Armada. 

Dos mujeres forman parte del grupo de operarios que construye la segunda barcaza para Montes del Plata.

Una estaba empleada en una panadería, la otra en una mutualista. Ninguna de las dos tenía el menor conocimiento previo de las tareas que se realizan en un astillero ni soñaba con desempeñarlas, algo que en nuestro país todavía es inusual para una trabajadora.

Dos carteles detienen la marcha. Zona militar: regístrese. Un par de hombres de uniforme observa la entrada. Para llegar hasta el astillero del Cerro hay que hacer un trecho. Alcanzar la zona de la grada (el espacio de armado de la barcaza, fuera del agua), colocarse lentes protectores y un casco blanco, y luego recién meterse en la cosa. Hay operarios soldando, otros pintando, algunos moviendo las grúas enormes que trasladan el material de acero que formará, en pocos meses, la estructura de la nave. Luego, como consecuencia de ese trabajo, habrá una barcaza de 1.100 toneladas, con 90 metros de eslora (largo, de proa a popa), 16 de manga (ancho), casi seis metros de puntal (la altura del cuerpo del buque desde la quilla hasta la cubierta) y una profundidad de bodega de tres metros. Esa estructura resistirá una carga de 5.000 toneladas (cerca de 170 camiones). La nave carece de propulsión propia; para moverla hay que remolcarla.

Y la nave va

La industria naval abarca las actividades de construcción, transformación, reparación y mantenimiento de embarcaciones. También la fabricación de motores, hélices, turbinas y todo tipo de bienes de equipo y accesorios diseñados específicamente para su uso en embarcaciones y otros artefactos flotantes, además de actividades de investigación y diseño.

A fines de julio de 2012 se terminó la construcción de la primera barcaza para Montes del Plata, que llevó cinco meses de armado. Se estima que en el momento de mayor actividad trabajaron en el proyecto alrededor de 120 personas, de las cuales 80% eran uruguayas. El proyecto actual ha llegado a emplear a unos 80 operarios y el porcentaje de mano de obra nacional es levemente inferior, según datos aportados por la Dirección de Artesanías, Pequeñas y Medianas Empresas del Ministerio de Industria, Energía y Minería.

La segunda barcaza para el transporte de madera de la empresa Montes del Plata es armada por la firma Galictio Tiferey, con mayoría de capitales españoles y un socio uruguayo. La tarea es realizada por 53 operarios, incluyendo a dos mujeres.

Otros colores

Paola Fierro tiene 31 años y vive en el Cerro de Montevideo. Despachaba panes con grasa y margaritas detrás del mostrador de la panadería del barrio. Se enteró por una amiga del llamado a operarios para la construcción de barcazas.

Se animó a pensar “¿Por qué no?”, se anotó y, como quién no quiere la cosa, quedó preseleccionada. Luego recibió capacitación en soldadura mediante un curso de ocho horas diarias, dio una prueba ante la mirada de un supervisor y quedó adentro.

La primera mujer soldadora en la industria naval en Uruguay; no es poca cosa. Para encarar este desafío le pidió apoyo a su madre, ya que debía dejar sus estudios de diseño y encarar una nueva vida.

En la prueba de ingreso, que determinó la continuidad de la experiencia, tuvo que juntar dos chapas dejando una abertura de cinco milímetros y colocar un respaldo cerámico para unirlas. “Ahí tenés que hacer la raíz [así le llaman a la unión] y luego el relleno”, cuenta Paola mientras señala una chapa terminada por ella para explicar el procedimiento, que ahora es parte de una tarea cotidiana.

El arranque en el ambiente no fue fácil. Algunos de sus amigos pensaban que no iba a durar mucho en la tarea, que el “capricho” se le iría ni bien pisara el astillero, que el trabajo era demasiado pesado para una mujer, y otro montón de “ques”.

Leticia Zinola tiene 39 años. Vive en la Unión y para llegar al Cerro combina todas las mañanas el 109 con el 76. Supo de la existencia de Galictio Tiferey por boca del esposo de una amiga, que le comentó sobre el llamado a operarios. Para ella la etapa más dura fue la de asistir al curso de capacitación laboral brindado por la empresa, porque para eso tuvo que reestructurar la jornada familiar y dejar con alguien a sus dos hijas y a un sobrino que tiene a su cargo.

Antes realizaba servicios auxiliares en la Médica Uruguaya; ahora su tarea es pintar la barcaza.

Las dos compartían el miedo a agarrar una amoladora. Nunca habían usado un soldador ni tenían nada que ver con la industria naval. Ni siquiera tenían idea de cómo se llamaban las herramientas. Paola reconoce que no deja de pedir ayuda a sus compañeros de trabajo si la necesita; Leticia dice que se maneja sola la mayoría de las veces.

“Lo novedoso es que acá no se armaban barcazas sino que se reparaban. Este modelo que estamos armando entero lleva trabajo”, comenta Paola. Gira y señala unas barras de acero grises, apoyadas en el suelo del galpón donde trabajan cuando el tiempo está amenazante. Explica que las limpian, las juntan y después las sueldan. Las barras que formarán la estructura de la popa tienen seis u ocho metros de largo. Todavía no empezaron a armar la proa porque no ha llegado el contenedor con el material que la empresa compra en Italia (ver el recuadro “A lo tano”).

A lo tano

El material con el que se arma la barcaza llega a Uruguay en contenedores desde Italia. Cuando se consultó sobre ese aspecto al jefe del proyecto, José Luis Romero, comentó: “Yo me pregunto esto muchas veces. ¿Por qué estamos trabajando con acero de Italia? Por precios habría sido más conveniente hacerlo en nuestras propias instalaciones, cortaríamos el barco en pocas semanas, embarcaríamos todo en contenedores y haríamos el traslado. Hemos tenido que comprar material en el mercado local para no parar la producción, pero los precios se disparan. Nos encontramos con los angulares prácticamente al doble del costo, sin tratamiento en la superficie, y la chapa, sin tratamiento, sale 40% más cara. Todo este material nos cuesta un dólar y un poco más el kilo, cortado, chorreado y limado, listo para montar. Aquí los angulares nos costaron 1,68 dólares, sin limar ni cortar. La chapa, igual. En Europa nos sale 0,80 dólares el kilo y aquí, 1,50. Casi el doble que en Europa. Aunque tuvimos retrasos en la entrega del material, no dejamos de traerlo. Estuvimos en contacto con proveedores regionales de Brasil también. Si la industria se va acercando y los almacenes tienen stock, está claro que eso se prevé y los números bajan. Pero para este proyecto esto está determinado así”.

Por ahora, sólo se ve una estructura muy grande de metal, de color bordó. “Todo se pinta luego de estar pulido, baldeado con agua y bien seco”. Para eso se usan máquinas de baldeo y chupadoras, explica Leticia, y adelanta que la nave va a ser pintada de rojo, azul y blanco.

Las dos visten mamelucos verdes. Los hombres están de azul. “Es porque los uniformes que usamos son los más chicos. Sólo por eso tenemos colores distintos”, comentan. Además, usan cascos especiales con máscaras, guantes, botas y cinturones. El material de los mamelucos es de tela muy resistente a las altas temperaturas.

Suena una alarma. La grúa se mueve y se enciende una luz de alerta. Los operarios se acomodan para dar paso a la grúa y evitar posibles accidentes. La industria naval es considerada la tercera más peligrosa del mundo para los trabajadores, detrás de la minería y la extracción de petróleo.

Salir a flote

Las dos trabajadoras ya han tenido algunos problemas de salud. Paola, la soldadora, sufrió una lesión en los ojos debido a las chispas que provoca la acción de las herramientas sobre el metal. Leticia cuenta que los problemas más frecuentes para los pintores tienen que ver con las 
emanaciones de gases de las 
máquinas.

Ambas destacan que parte del aprendizaje del oficio es conocer la jerga. “Nos decían ‘andá a la popa’ y nosotras nos quedábamos mirando. Ni idea teníamos de para dónde arrancar”, comentan entre risas. Ahora les transmiten el conocimiento a los recién llegados, pero afrontan algunas complejidades cuando los jefes, que son españoles, se refieren a los materiales de trabajo con palabras que en Uruguay no se usan.

Paola es la primera en señalar que las dos producen a la par de los varones. “Es que tenemos que dar el ejemplo”, acota Leticia, y comenta, como quien recuerda un chiste, que cuando empezaron algunos habrán pensado: “Éstas no sirven pa nada. No van a aprobar el curso ni a durar dos días”.

Al despedirnos, las trabajadoras buscan una frase que englobe con coherencia algo de todo lo compartido durante la mañana en el astillero del Cerro. Se miran, se sonríen y mientras dejamos atrás la popa a medio armar, aún sin proa, dicen: “La mayor satisfacción será ver cuando baje al agua y constatar que flota. Eso da una emoción tremenda”.

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