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El fin de la papa chip


Alimentación escolar

La nueva ley solo prohíbe la publicidad de alimentos con sal o azúcar agregada, y no la venta, pero cada centro educativo la aplica con diferentes criterios

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A la hora del recreo los niños se acercan preocupados a la cantina. “¿Qué toca hoy?”, preguntan. Es que el Colegio Corazón de María determina qué tipo de alimentos pueden llevar o comprar cada día de la semana (comida casera, fruta, cereales, mientras que los viernes tienen vía libre), y hay niños que se lo toman muy a pecho. En el colegio Sagrada Familia los cantineros dejaron de vender caramelos a los alumnos de primaria, pero los propios padres son quienes los compran para dárselo a sus hijos.

Esta son algunas de las situaciones que se han generado a partir de la la implementación en marzo de 2014 de la ley de promoción de hábitos saludables en establecimientos educativos, la cual promueve una alimentación saludable en los centros educativos, como forma de prevenir el sobrepeso, la obesidad, la hipertensión arterial, así como otras enfermedades vinculadas, y regula los alimentos que pueden publicitarse.

Juan Pablo Speranza, vocero de la Cámara Industrial de Alimentos (Ciali), explica a El Observador que existe a nivel general una mala interpretación de la nueva regulación. Se cree que se prohibe la venta en las escuelas de determinados alimentos, cuando en realidad “lo único que se prohíbe de acuerdo al texto de la ley es la publicidad en los establecimientos educativos de aquellos grupos de alimentos y bebidas que no estén incluidos en el listado mencionado en el artículo 3°” de la norma.

A su vez, recomienda que determinados productos estén incluidos en la merienda escolar pero no prohíbe la venta de otros, agrega (ver Lo que dice la ley).

El Observador realizó una recorrida por algunos centros educativos, tanto públicos como privados, para conocer el grado de cumplimiento de la normativa. Como resultado, se percibe que las cantinas cumplen con lo solicitado por la ley 19.140, con diferentes grados de rigurosidad.

Por ejemplo, en la escuela Nº 70, de Aguada, se anuncia en un cartel colocado en la puerta de entrada al local que “está prohibido traer a la escuela galletitas, alfajores, jugos o snacks. Sólo se autoriza una fruta o cereales”. Al ser una escuela de tiempo completo, en la que se proporciona el alimento a los niños, esta prohibición se aplica a las meriendas. La fruta y los cereales están permitidos en el segundo recreo, durante la tarde, explicó una maestra.

Todo empieza en casa
Una postura menos rígida es la que predomina en la escuela Nº 2, ubicada en el Centro. Sandra, la maestra de quinto año, señala a El Observador que el primer día de clases la dirección de la escuela explicó la situación a los alumnos y pidió apoyo a las familias.

La escuela recomendó los tipos de alimentos que deben llevar los estudiantes, aunque no todos los padres cumplen con lo solicitado. Sandra habló con sus alumnos en clase, y sabe que otras maestras también lo han hecho,  para inculcar nuevos hábitos de alimentación entre los niños, aunque aclara que a veces se hace difícil “sin apoyo de la casa”.

Algo similar sostiene Graciela, encargada de la cantina del Colegio y Liceo Corazón de María. Cuenta que los niños vienen de casa con paquetes de papas fritas, que en la cantina no se venden a excepción de los días viernes, “que es el día de merienda libre”.

Ese colegio instauró un régimen para los alumnos de primaria en el que dependiendo del día, se lleva un tipo determinado de comida, para lo que cuentan con el respaldo de la cantina, que ese día ofrece una mayor variedad de productos específicos.

Además, a partir de este año se ofrecen frutas y productos caseros, como tortas y flan. Graciela asegura que desde la dirección de la institución hay una preocupación por el cumplimiento de lo establecido por el MSP y el Ministerio de Educación.

Si bien en secundaria no se mantiene el mismo régimen, Graciela cuenta que “se han desacostumbrado” a comer snacks y alfajores porque ya no tienen tanta visibilidad. A esto contribuye el retiro de la publicidad ordenado por la ley, algo que se repite en todas las instituciones visitadas.

De todas maneras, Graciela reconoce que la ley ha tenido un impacto negativo en las finanzas de la cantina. “Han bajado las ventas, los niños traen más comida de casa”, explica.

La misma situación perciben Daniel y Elizabeth, los encargados de la cantina del Colegio Sagrada Familia. La recaudación es menor, pero los costos siguen siendo los mismos.

De hecho, tuvieron que contratar a otra persona para elaborar alimentos, ya que han incrementado la cantidad de productos caseros que producen para cumplir con lo establecido en la ley, con énfasis en los alimentos horneados, como empanadas.

En cuánto a los snacks, antes tan demandados, los han retirado, entre ellos el maní con sal agregada, que ha sido sustituido por el tipo “japonés”, ya que es horneado. Tampoco venden alfajores con símil chocolate, aunque si los que tienen chocolate puro.

A su vez, han cancelado la venta de churros y tortas fritas, que hasta el año pasado eran populares entre los alumnos.  También decidieron mover el expositor de golosinas, que anteriormente era de los más visibles. Ahora está en un lugar elevado, donde los niños no alcanzan a ver y de hecho dejaron de venderles caramelos a los escolares.

En la cantina del Colegio Sagrada Familia destaca la presencia de publicidades de chicles Beldent. Los responsables aclaran que no tuvieron que retirarla ya que esa marca puntual está permitida, por no contener azúcar.

Nutricionistas al poder
Para cumplir con la normativa se ha incorporado en varios centros educativos privados la presencia de nutricionistas, que asesoran a la institución en cuanto a la alimentación que se le puede proporcionar a los alumnos. Esto sucede tanto en el Colegio Sagrada Familia como en el Colegio Seminario, donde este año se realizaron algunos ajustes en el menú, como el retiro de la barras de chocolate de más de 30 gramos y la prohibición de vender bebidas con azúcar a todos los alumnos, con la excepción de los que cursan el bachillerato, afirma el encargado.

Aclara sin embargo, que ya trabajaban desde antes para ofrecer alimentos sanos.

La nutricionista Luciana Lasus manifiesta que la ley ha representado un gran paso en el cambio de hábitos de alimentación de los niños, más allá de que considera que la ley promulgada es más “lavada” que la planteada originalmente.

De todas formas, destaca que se ha comenzado a tomar conciencia, tanto por parte de niños como de los padres (más allá de las excepciones) de la importancia de la buena alimentación.

La postura empresarial
Según Speranza, el vocero de la Ciali, las empresas buscan “ser parte de la solución” en la búsqueda de generar una política de hábitos saludables. En las cantinas visitadas, las heladeras de bebidas ya no exhiben el nombre de la marca, sino que fueron cubiertas por la propia empresa distribuidora con mensajes que refieren a mantener una vida sana.

Además,  las industrias trabajaron en la elaboración de nuevos productos que cumplan con lo establecido en la ley incluso desde antes de su aprobación.

Desde la Ciali se considera que la ley “regula aspectos que no estaban regulados”, y que ayuda a combatir la informalidad. Las industrias reciben de buena forma este tipo de normas, ya que imponen controles (por ejemplo, para definir si un producto es adecuado para ser vendido en las escuelas), y “los controles no molestan”, asegura.

(Producción: Nicolás Tábarez)

 

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