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Las claves para no comprar productos vencidos


FECHAS DE VENCIMIENTO

El consumidor tiene un rol clave a la hora de elegir. La IMM realiza controles diarios a locales de venta de alimentos, pero de acuerdo a un “ranking de peligrosidad”

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El único alimento que no tiene fecha de vencimiento es la sal”, aseguró a El Observador el director del Laboratorio de Bromatología de la Intendencia de Montevideo (IMM), Gustavo Lancibidad. Por eso, a la hora de comprar alimentos leer las etiquetas de sus envases y comprobar que están en buen estado es el primer paso para evitar consumir alimentos que no estén en condiciones. De todas formas, el consumidor no está libre de llevar a su hogar alimentos en mal estado, ya que no tiene todos los elementos para estar completamente seguro.

Periódicamente la IMM realiza controles en supermercados, comercios y empresas que venden comidas prontas. De hecho, las sanciones a esos lugares por incumplir las normas son, prácticamente, moneda corriente.

Una de las que más resonó en los últimos días fue a la empresa de helados Crufi. La comuna la multó con 26 unidades reajustables (unos $ 20 mil) por encontrar “elevado recuento de coliformes totales y Staphylococcus aureus (estafilococo), comprobado en las muestras de helado”, según consta en la resolución. La inspección se realizó en setiembre de 2014.

Otra empresa que tampoco se salvó fue la cadena de supermercados Disco. En abril de ese mismo año la IMM le inició una denuncia penal porque “colocó por encima de la etiqueta de origen otra, dándole mayor vida útil a los productos”, indicó la resolución de la intendencia. En enero de este año la empresa fue multada e intimada a cumplir con las normas bromatológicas, luego de detectar que en uno de sus locales varias fechas de vencimiento de productos habían sido alteradas. Según consta en la resolución municipal de fecha 2 de enero de 2015, se hallaron postres con información “dudosa”, además de alimentos “reetiquetados”.

La IMM posee un Servicio de Regulación Alimentaria que revisa los alimentos. Dentro de ese servicio se encuentra el Laboratorio de Bromatología. En ese laboratorio hay tres áreas: un laboratorio químico en el que trabajan unos 20 técnicos, uno microbiológico donde también trabajan unos 20 especialistas, y un área de muestreo con seis personas que analizan los productos alimenticios.

“Nosotros analizamos de acuerdo a un sistema de muestreo interno basado en el riesgo. Esto significa que como no tenemos oportunidad de controlar absolutamente todos los alimentos, porque son miles de productos, seleccionamos aquellos de acuerdo a un ranking que hicimos de peligrosidad”, explicó Lancibidad.

Ese “ranking” se arma a base de la frecuencia de consumo. Los más analizados son los productos panificados. “Allí buscamos los riesgos potenciales para la población, además de hacer estudios para ver que esos productos sean genuinos”, dijo el especialista.

Dentro del orden de prioridades también se encuentran en un primer nivel los alimentos para escolares por ser fabricados manualmente, en algunos casos, y por transportarse en bandejas, en otros.
En un segundo nivel se ubican las empresas de catering, “por la complejidad de los alimentos que elaboran y el proceso que comienza con su elaboración, hasta el traslado al lugar donde se va a consumir”, señaló Lancibidad.

Requisitos
En el grupo de muestreo del Laboratorio de Bromatología algunos especialistas se dedican específicamente a controlar las fechas de vencimiento y que no se trate de productos que no están registrados. Si un alimento es “genuino”, debe estar inscrito en el Registro de Bromatología que autoriza su venta. “Hay quienes inventan y otros que se adelantan, es decir, que presentan un registro pero el producto ya está a la venta en plaza”, sostuvo el director del laboratorio. La vida útil de los alimentos es establecida por el elaborador, y revisada por el Servicio de Regulación Alimentaria. En caso de que haya dudas sobre la vida útil establecida por el elaborador, se realiza un seguimiento técnico para confirmarlo, según indicaron desde el Servicio de Regulación Alimentaria a El Observador.

El gran problema que tiene la IMM es con los productos que se venden fraccionados en un supermercado. “Ahí no hay reglamentación específica. Originalmente no se permitía el fraccionamiento de ningún producto, todo se tenía que fraccionar a la vista del consumidor”, dijo Lancibidad. Sin embargo, desde hace algunos años es normal que productos como fiambres, quesos o dulces se vendan en envases elaborados por el propio comercio. En esos casos, la IMM no puede garantizar que las fechas de vencimiento sean las que marcan las etiquetas. La garantía la da la confianza que tenga el consumidor con la empresa que le vende el producto.

http://m.elobservador.com.uy//noticia/296191/para-intentar-comer-mejor/

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