Por qué no debería sentirse mal por atracarse con comida

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El impulso de comer más de lo normal en momentos de depresión no se debe solamente a una falta de control
La mayoría de las personas tienden a reaccionar igual ante la depresión. Cuando se siente tristes, pierden interés en hacer cosas y disfrutarlas. El síntoma es tan predominante que la falta de interés en gente, salidas e incluso la comida es reconocido como uno de los cinco signos clínicos de la depresión.
“Cuando la gente se siente deprimida, termina retrayéndose, volviéndose más introspectiva y letárgica”, explicó Kelly Klump, docente de psicología en la Universidad Estatal de Michigan (MSU).
Pero también existe un subgrupo de gente que tiende a exhibir una reacción diferente. Para estas personas, la depresión genera altos niveles de impulsividad. En otras palabras, hacen cosas que no harían normalmente, por ejemplo, abrir un pote de helado y terminárselo.
A la peculiaridad psicológica de ser más impulsivo cuando se siente menos feliz se le suele llamar “urgencia negativa”. Algunos expertos consideran que esta tendencia es en realidad un rasgo biológico específico, tal como el alcoholismo en ciertas personas.
Por lo tanto, cuando las personas con urgencia negativa están deprimidas y se dan atracones, no solo están demostrando una falta de voluntad para controlarse con la comida o un simple cambio de humor. Están actuando según un impulso biológico.
Claro que eso no quiere decir que un atracón como episodio aislado sea un signo de depresión. Por el contrario, sugiere que la depresión y los atracones comparten una profunda relación biológica que podría explicar por qué, en un mal día, algunos se terminan una barra de chocolate entera, mientras que otros se sienten satisfechos con solo un pedazo.
“Durante mucho tiempo, la gente creía que quienes se daban atracones eran impulsivos”, dijo Klump. “Sin embargo, es bastante más específico que ello. No es que son personas impulsivas, sino que son personas que se vuelven impulsivas cuando están deprimidas”, agregó.

¿El huevo o la gallina?

Una reciente investigación realizada por Klump y Sarah Racine, docente de psicología en la Universidad de Ohio, muestra cuán entremezcladas están la tendencia a la impulsividad y la propensión a cometer atracones. Su último estudio, publicado en la revista International Journal of Eating Disorders, ahonda en que la urgencia negativa es la mejor forma de predecir quién es o no es propenso a comer sin control.
Klump y Racine junto a otros cinco investigadores pusieron a prueba la asociación tomando un grupo de 600 mujeres y dividiéndolas en cuatro. En tres de esos grupos las participantes exhibían algún comportamiento vinculado a los atracones: tendencia a comer mucho, a sentir que se encuentra fuera de control al comer o ambos. En cambio, en el cuarto grupo las participantes no tenían antecedentes de atracones.
Los investigadores usaron un cuestionario detallado para investigar cómo las mujeres respondían a diferentes situaciones. Luego, usaron los resultados para medir el nivel relativo de urgencia negativa en las diferentes mujeres estudiadas, es decir, la probabilidad que tenían de volverse impulsivas en tiempos depresivos.
Lo que descubrieron es que las únicas personas con una tendencia a hacer cosas impulsivas mientras estaban deprimidas eran aquellas con un historial de atracones.
“Fue muy claro”, dijo Racine. Y continuó: “Cada componente de los atracones que pusimos a prueba terminó vinculado con la urgencia negativa”.

Urgencia negativa

El término de urgencia negativa no fue acuñado por las investigadoras, sino que fue discutido por primera vez a principios de los años 2000. Desde entonces ha sido estudiado de forma frecuente.
Un estudio de 2008 dividió a las personas impulsivas en dos categorías: aquellas que actuaban de forma imprudente cuando estaban emocionadas o felices, y aquellas que lo hacían cuando estaban deprimidas o tristes. Otro trabajo de 2011 vincula la urgencia negativa con los problemas con el alcohol, que usualmente son precursores del alcoholismo.
Las raíces genéticas de los atracones no solo se explican por las tendencias psicológicas de ciertas personas. Klump, cuyo laboratorio en la MSU se enfoca en los factores de riesgo genéticos y biológicos asociados a los trastornos alimenticios, ha descubierto una cantidad de indicadores biológicos a lo largo de sus investigaciones. Por ejemplo, el riesgo crece después de la pubertad, cuando muchos genes empiezan a expresarse de forma plena, dijo.
Aunque la conexión entre la urgencia negativa y los atracones puede parecer inocua, en realidad es muy importante. “No cualquier persona que haya tenido un mal día va a recurrir a la comida para sobrellevar las emociones negativas”, explicó Racine. “Pero quienes sí lo hacen es probable que estén predispuestas a ello”, agregó.
En otras palabras, la próxima vez que usted se encuentre comiendo demasiado tras un mal momento, piense que no se trata solo de una cuestión de (falta de) voluntad. Es probable que, en cambio, se trate de una cuestión genética.

Fuente: The Washington Post

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