Víctimas y debes en los asesinatos de mujeres

El asesinato de una mujer impacta en otras personas, también víctimas de esa violencia. El País se contactó con algunas de ellas, quienes dieron testimonio de carencias a nivel estatal para prevenir estos delitos y reparar sus consecuencias.

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En muchos de los asesinatos de mujeres por parte de sus parejas, hubo señales que la Justicia, la Policía, los servicios de salud y de educación no registraron.

Denuncias sin seguimiento adecuado de la Policía, ni decisiones judiciales acordes a la magnitud del riesgo que corría la denunciante. Integrantes del cuerpo médico o docentes que no percibieron situaciones de abuso, o no las comunicaron, también se repiten.

Del mismo modo, hay carencias de apoyo para las otras víctimas: los seres cercanos a la mujer asesinada que siguen adelante con sus vidas.

Uno de los casos más dramáticos es el que relata Rosa, quien cuatro años atrás sufrió el homicidio de una hija y dos nietas por parte del mismo hombre, quien luego se suicidó.

Hacía 13 años que el asesino y su hija vivían juntos; el hombre mató a su esposa y una hija de 12 años que tenían en común y otra hija de la mujer de 15. Las tres fueron halladas por Rosa y su nieta mayor. “Pienso que nadie, ni siquiera la Policía puede haber olvidado el suceso, todas las piezas de la casa eran sangre, ellas fueron ultimadas con arma de fuego y arma blanca”, relata la mujer.

Para Rosa “quien pasa por esto jamás lo olvida”, y recomienda a las madres “estar atentas a las señales” de sus hijas y “alerta a movimientos extraños”, porque a veces “las muchachas por miedo, o temor a una ruptura, tapan todo”.

“Si te dicen que no te metas, cuidado, metete más porque ahí hay una situación de peligro. No hay que callarse, hay que hablar y hablar, así se previenen estas tragedias”, afirma.

En Primaria y Secundaria no se percibió previamente la situación de violencia que las niñas vivían. Tampoco el personal de salud que atendió a las menores y su madre. Rosa cuenta que el día de los asesinatos, su hija llamó a la Policía pidiendo ayuda y que un móvil concurrió a la casa, pero que su propia hija le dijo a un funcionario que no había problema, porque el esposo se había ido. Y el patrullero se retiró.

Rosa dice que para quienes sufren pérdidas como la de ella, “todo el apoyo que puedan recibir es muy poco. Hace falta más apoyo y atención para detectar las cosas antes”.

“Hace falta un grupo de gente especializada en violencia doméstica y asesinatos que se dedique a esas víctimas”, lo que es necesario “para que no lleguen a pasar lo que nos toca a las mujeres que hemos perdido familiares”, destacó.

Agrega que es necesario hablar en las escuelas y liceos, “que los chiquilines sepan qué es violencia”. “Y eso puede venir por parte de las autoridades, porque por más que tengamos médicos y remedios es muy difícil continuar, a veces la cadena es tan pesada que no la podemos sujetar”.

Rosa recuerda que ella sufrió violencia por parte de una expareja y su madre y abuela también, por lo que su hija fue la cuarta generación familiar víctima de este flagelo que afecta a miles de uruguayas, en ese caso con el peor desenlace posible.

Ataques.

El próximo 14 de diciembre se cumplirán tres años de la muerte de Liliana Volpi Busconi —una profesora de Química de 33 años y madre de una niña de cuatro— a manos de su pareja que la ultimó de cinco puñaladas, en la ciudad de Salto.

Esa madrugada fue atacada dentro de su casa por el padre de su hija. El hombre terminó por desangrar a la víctima ante los desesperados gritos de dolor y en presencia de algunos vecinos.

Hoy, su madre Blanca Busconi, una profesora de Derecho ya jubilada, carga con el dolor de la pérdida de su hija y asumió la responsabilidad de criar a su nieta. Dice que quien podría haber evitado esa muerte era la Policía. Expresa que además de las innumerables denuncias radicadas en Violencia Doméstica anteriormente, en su última hora de vida, Liliana llamó por lo menos seis veces a esa dependencia desesperada y pidiendo auxilio, temiendo lo peor.

Blanca ejerció casi 40 años la labor de docente en liceos de Salto “creyendo en lo que era la Justicia”. “Ahora no creo en la Justicia y tampoco creo en la objetividad, la Policía no estuvo en el momento que la necesitamos porque ella (por su hija) no precisaba jueces en esos momentos, necesitaba alguien que la defendiera”, dice.

La mujer le pedía a su esposo que se fuera de la casa. Estaba cansada de “remarla” sola con todos los gastos y la crianza de los hijos. Él no tenía trabajo. La tarde-noche del 8 de agosto de 2002, en Fray Bentos, le quitó la vida a su pareja con un disparo de arma de fuego: salió de su casa, cruzó hasta la plaza y se autoeliminó descerrajándose un tiro en la boca. Dejó huérfanos a dos niños: un varón de 11 y una pequeña de 4.

A partir de allí comenzó un camino muy difícil para Sonia, su abuela, quien se dedicó a la crianza de los niños, pero con las dificultades económicas de siempre.

Doce años después, los ahora jóvenes siguen con apoyo de psicólogos, “lo que ha sido de enorme ayuda”, cuenta Sonia, con 74 años a cuestas. “No ha sido fácil, pero la vamos luchando”, agrega.

En Rocha, desde el año 2009 al 2014, hubo ocho homicidios de mujeres en situación de violencia doméstica, y en tres de los casos el autor material se suicidó.

El último de estos episodios ocurrió el 5 de diciembre de 2012, cuando Sonia Bonilla (44 años y madre de dos hijos) falleció como consecuencia de heridas de arma blanca.

Estuvo por 10 años con su pareja y se estaba separando; lo había denunciado por amenazas a la Policía. Un hijo menor de edad la encontró con varias heridas de arma blanca. El asesino se entregó a la Policía.

Emblemático.

Un caso emblemático es el de Flor de Lis, quien fue asesinada por su esposo el 12 de noviembre de 1989, pocos días después de una audiencia judicial de divorcio en la que integrantes de organizaciones de mujeres le pidieron al juez que no dijera la dirección de Flor, lo cual el magistrado desoyó.

Por supuesto que no fue el primer caso, pero sí el que provocó la primera manifestación coordinada por organizaciones feministas contra la violencia doméstica (ver foto), que comenzó a hacer más visible esta problemática y las carencias del Estado en su respuesta.

Uruguay con números rojos en la región

Uruguay es de los primeros países de la región en muertes de mujeres por su pareja o ex pareja en relación a su cantidad de habitantes.

Mañana martes, se conmemora el Día Mundial de la No Violencia hacia las mujeres, con diferentes actividades. La que concentrará más gente será la marcha que organiza Mujeres de Negro desde Plaza Independencia a la explanada de la IMM, bajo la consigna “Por mujeres sin miedo”.

También mañana, el Gobierno y Naciones Unidas difundirán los resultados de la primera Encuesta Nacional de Prevalencia de violencia basada en género y generaciones. Cepal adelantó que el 45,4% de las mujeres dijeron haber padecido algún incidente de violencia por parte de su pareja o ex pareja.

http://www.elpais.com.uy/informacion/victimas-debes-asesinatos-mujeres.html

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