Descarga de frustración contra escuelas

Violencia en la educación

Frustración, cambios en el mercado laboral y escuelas sin recursos. Estos son algunos de los argumentos que manejan sociólogos para explicar la violencia contra los centros educativos. Las autoridades lo relacionan con una violencia generalizada.

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En solo una semana cuatro centros educativos fueron robados o destruidos, dejando sin clase a más de 1.000 niños.

El caso más notorio fue el de la escuela de Flor de Maroñas, donde un grupo de jóvenes alcoholizados y drogados irrumpieron en la mitad de la madrugada del domingo 22 a robar lo poco que pudieron encontrar. En su camino, incendiaron cinco salones, dejándolos totalmente inutilizables.

El martes fue el turno de un jardín de infantes del Cerro, que fue robado y vandalizado. Y el viernes le tocó a una escuela del barrio Maldonado, que resultó con vidrios rotos y grafitis en las paredes. (Ver página A10)

Todo indica, además, que este no será el último caso.

“Hay una sociedad más violenta y más transgresora que se expresa con comportamientos hacia instituciones, edificios o eventos: el incendio a un contenedor, la violencia en una cancha de fútbol, los desbordes en un concierto de rock o el vandalismo en una plaza”, ejemplificó el director de Primaria, Héctor Florit.

Según Florit, estos actos de vandalismo responden a cambios que la propia sociedad está experimentando.

“Son manifestaciones de una sociedad contemporánea que, tanto en Uruguay como en otros países, tiene señales de debilitamiento de las identidades colectivas”, dijo.

“Las escuelas son espacios públicos que están en todos los barrios y no es de extrañar que un servicio que tiene 2.350 locales tenga el mismo nivel de violencia y vandalismo que otras instituciones”, agregó.

Frustración.

En este sentido, sociólogos coinciden en que las escuelas ya no cumplen con las expectativas que la sociedad deposita en ellas, lo que genera frustración en las personas.

“El ideal de la escuela como promotor de posiciones de ascenso social cae”, dijo a El País la socióloga Nilia Viscari. Según la investigadora, hasta la década de 1960 el ascenso social estaba relacionado con la permanencia en el sistema escolar.

“Con el estancamiento económico, este ascenso social de aquellos que se titulan en la enseñanza media superior y la universidad difícilmente ocurre”, explicó Viscari.

El sociólogo Luis Eduardo Morás coincide. “Existen importantes sectores que no encuentran las respuestas adecuadas a sus problemas” en las escuelas, afirmó.

“Yo le `toqué` (prendí) fuego a la escuela”, dijo uno de los jóvenes que incendió el local de Flor de Maroñas. Este, al igual que otro de los jóvenes que ingresaron esa noche al centro educativo, habían cursado toda la Primaria en la institución.

Hoy, con 20 años, el joven ya no vivía con su familia (hoy está procesado), tiene problemas con el consumo de drogas y ya había sido acusado de incendiar la casa de una vecina. Estaba apartado del sistema.

“La institución escolar encuentra grandes dificultades estructurales y civilizatorias para cumplir su finalidad histórica”, explicó Morás. “Culminar la educación Primaria e incluso el primer ciclo de Secundaria ya no asegura a los sectores más pobres el acceso a un empleo formal y digno. Posiblemente, esa pérdida de respeto a la institución se relacione con el deterioro del rol instrumental que tuvo la escuela en el pasado”, explicó el sociólogo.

Sin embargo, además de su función histórica, la escuela tiene hoy otra carga que es difícil de cumplir.

“Se le agregaron funciones que exceden largamente la posibilidad de satisfacer (…) Se espera que los maestros eduquen, socialicen y continenten situaciones complejas, cubriendo los déficits familiares y comunitarios”, dijo Morás.

En pocas palabras, se trasladan funciones que antes cumplían las familias al propio centro educativo.

“Es una demanda exagerada e injusta para un educador que no está preparado para esas tareas y, a la vez, es también fuente de frustración para los padres que esperan algo que una maestra no puede brindar”, agregó.

Respeto.

Y, mientras algunas generaciones atrás los padres respetaban y respaldaban la palabra de los maestros, hoy algunos se enfrentan a estos hasta con los puños.

Sucedió, por ejemplo, en el barrio Maroñas, donde una madre, molesta porque una compañera de clase le habló mal a su hija de cinco años, arribó al centro educativo, amenazó y forcejeó con la maestra.

Este fue el cuarto episodio de este tipo ocurrido desde que comenzó el año lectivo el 10 de marzo.

“Los padres, cuando observan que los profesores o maestros dan señales que ratifican el fracaso escolar por vía del maltrato a los alumnos, del rechazo al diálogo con el padre o su mala atención en la escuela. Devuelven esta violencia estructural agrediendo a la escuela”, explicó Viscardi. “Esta agresión significa un rechazo a la condición social que la escuela no modificará”.

“Habría que preguntarse qué significan los maestros y el sistema educativo para aquellos a los que excluye”, cuestiona, por su parte, la socióloga Marcia Barbero.

“Esto no justifica la agresión, solo quiero señalar que quizá la agresión sea una forma -mal tramitada- de canalizar reclamos”, agregó.

Según Barbero, “muy probablemente la consideración social de la profesión como la de la institución se hayan modificado”, y aclaró que esto no se ciñe solamente a la educación pública.

Para prevenir estas situaciones, explicó, el centro educativo no tendría que expulsar al diferente, la educación debería recobrar sentido y las instituciones deberían trabajar en el sentido de pertenencia.

http://www.elpais.com.uy/informacion/descarga-frustracion-contra-escuelas-vandalismo.html

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