El Niño: amenazas y oportunidades

Agro – INFORME

Cuando el Pacífico se calienta, hay riesgo para los cultivos de invierno y potencial aliciente para los de verano

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Su llegada se viene anunciando desde hace meses como casi una certeza. Algunos opinan que ya llegó. Los productores de trigo se mantienen cautelosos a la hora de sembrar. ¿Cómo mira la posibilidad de que en los próximos meses se desarrolle el fenómeno de El Niño?, preguntó El Observador Agropecuario a Gabriel Bidegain, presidente de Asociación Uruguaya Pro Siembra Directa (Ausid).

“¡Con terror!”, fue la breve y categórica respuesta.

Cada día que pasa, entre los expertos, se afirma la certeza de que El Niño –que deja lluvias por encima de lo normal en la primavera y el verano de Uruguay– estará instalado, tal vez, a partir de agosto. La única duda es acerca de su magnitud. Pero que El Niño viene, de eso, hay pocas dudas. Por ahora, la preocupación es mucho menor en Uruguay que en los países del Pacífico, donde el fenómeno tiene consecuencias diferentes: inundaciones en unos y sequías en otros (ver nota aparte).

Para Roberto Verdera, gerente del Departamento Técnico de la Cooperativa Agraria Limitada de Mercedes (Calmer), El Niño “ya empezó”. Si bien le da “una importancia relativa a los pronósticos meteorológicos a largo plazo”, reconoce que en Soriano las precipitaciones de este año están más de un 50% por encima de lo normal. “En 40 días de enero y febrero –explicó–, cayeron 600 milímetros. Y a mediados de mayo se llegó a 800, cuando lo normal sería que a fin de año estemos en 1.200 milímetros, cantidad que será superada si seguimos con este ritmo de lluvias. Por eso digo que ya empezó”.

Las causas de El Niño

El fenómeno se origina en un calentamiento de las aguas del océano Pacífico, lo que altera los patrones de los vientos y provoca un rápido desplazamiento del agua hacia el este, o sea hacia la costa occidental de América, y en particular de América del Sur. A mediados de abril, la Organización Meteorológica Mundial (OMM), dependiente de Naciones Unidas, informó que entonces la temperatura del Pacífico estaba en condiciones de “neutralidad”, sin que predominase El Niño o La Niña (este otro fenómeno, con el enfriamiento del agua, origina sequías en la región).

No obstante, la OMM advirtió que “las temperaturas bajo la superficie del Pacífico tropical se han elevado hasta niveles que pueden darse antes del inicio de un episodio de El Niño, mientras que los modelos climáticos estudiados por los expertos de la OMM predicen que continuará el calentamiento progresivo del Pacífico tropical durante los próximos meses. La mayoría de los modelos alcanzan los umbrales de El Niño hacia la mitad del año. Si finalmente se produce un episodio de El Niño, aún es muy pronto para determinar cuál será su intensidad”.

El informe de la OMM agregaba que “desde febrero se han dado dos episodios de vientos fuertes del oeste y un debilitamiento generalizado de los vientos alisios en el Pacífico tropical. Esto ha generado un calentamiento considerable de las aguas bajo la superficie del Pacífico central, lo que históricamente ha sido un precursor de un episodio de El Niño. Aunque no es posible asegurar que esta situación vaya a desembocar en un episodio de El Niño, cuanto más perdure el debilitamiento de los vientos alisios y más tiempo se mantengan cálidas las temperaturas subsuperficiales por encima de la media, más alta es la probabilidad de que se produzca un episodio de El Niño. Los pronósticos de los modelos señalan que existen posibilidades bastante grandes de que se produzca un episodio de El Niño, probablemente hacia el final del segundo trimestre de 2014”. Es decir allí nos acercamos y todo hace suponer que El Niño llegará. ¿Cuán fuerte será?

En sus conclusiones, el informe sostiene que si finalmente este episodio ocurre, es probable que se prolongue hasta fin de año, y que su intensidad no se puede estimar de forma fiable en este momento.

Este último aspecto es contradicho por Wenju Cai, un científico climático australiano que, basado en estudios de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, entiende que El Niño que se avizora “puede ser uno de los más fuertes en varias décadas”. Cai sostuvo a mediados de abril, según informó la agencia Reuters, que “los fenómenos de El Niño fuerte aparecen temprano y hemos visto este evento durante los últimos dos meses, lo que es inusual; el viento que ha causado el calentamiento es bastante grande y existe lo que llamamos los efectos precondicionados, donde para que haya un evento El Niño grande tiene que haber ya bastante calor en el sistema”.

Cai y otros expertos australianos afirman que las posibilidades de que El Niño se instale a mitad de este año son superiores al 70%.

Esta opinión es coincidente con la de Walter Baethgen, agrónomo uruguayo especialista en cambio climático, que es investigador de la universidad estadounidense de Columbia y director del Programa Regional para América Latina y el Caribe del Instituto Internacional de Investigación en Clima y Sociedad. Baethgen dijo en el programa Tiempo de cambio de radio Rural que es temprano para confirmar que llegará el fenómeno de El Niño, pero que las probabilidades son altas, según los modelos  de la mayoría de los servicios meteorológicos. “En este momento –estimó– las probabilidades son de entre 70% y 80%”. El experto sostuvo que, en el caso uruguayo, El Niño puede dejar las lluvias más abundantes en octubre, noviembre y diciembre.

Qué hacer

Bidegain, preocupado, expresó que “El Niño significa un problema para los cultivos de invierno. Si se confirma, seguramente caerá el área sembrada de trigo por temor al fusarium, que es una peste incontrolable y hay pocas herramientas para combatirla. Existen variedades de trigo resistentes, pero tanto ellas como los fungicidas no tienen la eficacia necesaria. El Niño puede ser positivo para los cultivos de verano, pero muy negativo para los de invierno. Y al hacer el balance, se verá que es más lo que se pierde que lo que se gana. No es un dato bueno el de los meteorólogos”.

Verdera, en cambio, tiene una visión algo menos pesimista. Como el técnico de Calmer, estima que El Niño ya hace sentir sus efectos en Uruguay, piensa que hay opciones de manejo y “varios meses para ordenarnos” en espera del último trimestre del año, cuando las lluvias serían más copiosas.

Según Verdera, habrá que reservar para trigo y cebada las áreas con mayor potencial, y no usar las de calidad baja y con malos drenajes. La elección de variedades y el escalonamiento para que no se superpongan y acumulen tareas en las últimas etapas de la campaña de cultivos de invierno será muy importante.

Puede concluirse que las altas temperaturas de las aguas del Pacífico crean un clima de incertidumbre, cuando no de temor, en la agricultura uruguaya.

Pronóstico

El meteorólogo argentino Eduardo Sierra, quien asesora a la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, opina que el invierno tendrá frío al comienzo, que luego se volverá más amigable en términos de temperatura y que, efectivamente, es altamente probable que las lluvias se instalen en la primavera.

“El frío llegó con atraso, casi en la cuarta semana de mayo, el frío se concentró en la zona polar y ahora llega con mucha fuerza”, dijo.

Dada la llegada de El Niño, puede suceder que el final del invierno no sea tan frío, que el calentamiento modere las temperaturas sin problemas de heladas tardías en primavera.

Las lluvias excesivas son un riesgo. “El otoño ya ha sido muy lluvioso y ha dejado campos anegados. A partir de mediados de julio, podrían llegar lluvias sobre el sur de Brasil, Uruguay y provincia de Buenos Aires. El riesgo de lluvias torrenciales está”, advirtió.

Con efectos diferentes

En Argentina, Paraguay, sur de Brasil y Uruguay dominan las precipitaciones copiosas, pero en el norte brasileño suelen registrarse sequías. A nivel global, El Niño es cambio de la circulación atmosférica, calentamiento del planeta y aumento de la temperatura de las aguas costeras, afectación de especies animales y vegetales –a las que les cuesta sobrevivir–, y empuje de las enfermedades tropicales, como el cólera.

En el sureste asiático, Oceanía y regiones de América del Sur se registran sequías, enfriamiento de los mares, baja formación de nubes y alta presión atmosférica. Los australianos ya temen por su trigo, aunque por ahora está en excelentes condiciones.

En la mayor parte de América del Sur y América Central se producen lluvias intensas, calentamiento de la corriente de Humboldt, pérdidas en el sector pesquero, grandes formaciones nubosas y baja presión atmosférica.

En Colombia se teme que El Niño aporte una severa sequía que repercutirá en diversos cultivos y en la producción de electricidad. Los economistas colombianos prevén empujes inflacionarios por encarecimiento de los alimentos y de la energía. Iguales riesgos corre Venezuela, donde hay fuertes campañas para el ahorro de agua y de electricidad. La extensión de México facilita manifestaciones contradictorias: abundantes lluvias en las costas y sequías en el centro.

http://www.elobservador.com.uy/noticia/279665/el-nino-amenazas-y-oportunidades/

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