Aumentan las lesiones auditivas a causa de accidentes de tránsito

TRÁNSITO

Instituto Técnico Forense considera que el daño se subestima

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La aparición de casos de pérdida auditiva como consecuencia de un accidente de tránsito es un hecho “nuevo”, a juicio de Domingo Perona, médico del Instituto Técnico Forense (ITF). Y, en general, es una secuela subestimada dentro de los daños sufridos por un accidentado. “Es una limitante sensorial y social que va a impedir o a dificultar su entorno doméstico inmediato y su entorno laboral”, dijo a El Observador.

Perona indicó que no se cuenta con estadísticas al respecto pero que se ha “constatado” un aumento de casos de hipoacusia en los peritajes realizados por el ITF, en particular de pérdida parcial de la audición, asociados a traumatismos encéfalo-craneanos graves y relacionados con víctimas de choques de motocicletas.

“Dentro del traumatismo del sistema nervioso, se traumatiza la zona del oído. Las células que están pegaditas al órgano de Corti se despegan y provocan una alteración en la audición”, explicó. Estas células son las ciliadas, encargadas de detectar la presencia de un sonido y transformarlo en un fenómeno bioeléctrico para que siga su viaje hasta el cerebro.
Según proyecciones de la Unidad Nacional de Seguridad Vial (Unasev), se registran entre 3.500 y 4.000 traumatismos de cráneo al año, moderados o graves;  3.000 de estos se producen en siniestros de tránsito. Esto equivale a ocho por día.

El organismo tampoco dispone de información estadística sobre el tipo de lesión; solo se recaba la clasificación primaria de herido leve o grave y fallecido.  Datos internacionales reflejan que el 28% de las discapacidades graves provocadas por traumatismos de cráneo graves corresponde a secuelas físicas y el 54% a alteraciones cognitivo-conductuales.

Oídos sanos
El especialista, que expuso en la Primera Semana del Sonido en el panel de Sonido y Salud, es partidario de establecer un programa de salud escolar y liceal que incluya estudios de capacidad auditiva. El objetivo es conocer los posibles daños que hayan provocado actividades cotidianas antes de la exposición laboral.

“La gente joven vive absolutamente enchufada a la radio y al teléfono. La sensación que estamos teniendo es que va a llevar a un deterioro auditivo de la misma forma que puede llevar el nivel fabril. Va a ser muy difícil diferenciar uno de otro”, señaló a El Observador. En el comienzo de su conferencia había dicho: “Estamos inmersos en un mundo cancerígeno y en un mundo de ruido”.

El Ministerio de Salud Pública determinó en el decreto 320 de 2012 que el límite máximo permitido para la exposición laboral (para jornadas de ocho horas) sea de 80 decibeles; hasta ese entonces se permitían 85 decibeles. La diferencia puede parecer poca pero, desde el punto de vista del riesgo auditivo, este baja de 8% a casi cero.  “En la población no está muy extendida la conciencia de usar niveles que no sean más de 85 decibeles; ya no de 80”, apuntó Perona.

Se considera que el volumen es demasiado alto si una persona escucha la música que proviene de unos auriculares. Escuchar música en un nivel 5 o superior durante solo 15 minutos por día puede causar daño auditivo a largo plazo.

El estudio Molestia por ruido en Uruguay, de los ingenieros Nicolás Cunha y Pablo Gianoli, presentado en la Primera Semana del Sonido, revela una baja percepción del ruido como un problema de la ciudad (3% de los encuestados lo consideró un problema urgente) pero, al mismo tiempo, una alta percepción como problema asociado a la calidad de vida (90%).

Respecto a las fuentes de ruido, un tercio de los entrevistados señaló al tránsito como lo más molesto, seguido de los lugares bailables y las obras de construcción. Los ingenieros acompañaron cada encuesta (realizadas en Punta Carretas) con una medición de sonido. El nivel se mantuvo entre 65 y 73 decibeles con picos de hasta 90 decibeles que coincidían con la circulación de motos.

http://www.elobservador.com.uy

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