En cinco años se duplicaron las heridas de bala en niños

BALAS EN PEDIATRÍA

La Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Pereira Rossell atendió en los últimos 10 años a 27 menores, 17 de ellos entre 2009 y 2013

pereira-rossell_218693

El niño de 8 años, hermano de la cantante Valeria Lima, había llegado hacía pocas horas de Colonia. Acompañó a la pareja de su hermana y al hijo de este al Multiahorro de Rodó y Gaboto. Era cerca de la hora 20.30 del 7 de setiembre pasado cuando dos delincuentes irrumpieron a balazos. El niño recibió en el abdomen uno de los cinco tiros que dispararon los rapiñeros. Esa misma noche fue operado de urgencia en el hospital Pereira Rossell ya que la bala le perforó el intestino. Se recupera.

Este fue uno de los 27 casos de lesiones por armas de fuego en menores que se presentaron en la Unidad de Cuidados Intensivos de Niños (UCIN) del Pereira Rossell, entre 2003 y 2013.

Sin embargo, 17 de los 27 casos se concentran entre 2009 y 2013, lo que implica que en los últimos cinco años, los casos de niños baleados que fueron atendidos en ese centro de salud aumentaron 45%, según surge de un informe del hospital pediátrico al que accedió El Observador.

El pico máximo de heridos se presentó en 2011, con seis casos, y le siguió este año. Solo en los meses de octubre y noviembre, cuatro menores alcanzados por balas fueron asistidos. Mientras que en 2003 no se registraron casos y en 2007 y 2012 hubo uno en cada año, señala el estudio realizado con base en las historias clínicas.

La mayoría de las lesiones ocurrieron en la vía pública y fueron provocadas por terceros. De esas heridas, que suman un total de 14, dos fueron a raíz de delitos, uno cometido por el propio menor, un adolescente de 13 años que fue herido por un policía.

Otro caso fue el de un joven de 14 años que se encontraba cazando en el campo con su padre y fue herido accidentalmente por este en 2006.

De los heridos dentro de una vivienda (propia o ajena), tres fueron lesiones autoinfligidas. Uno de ellos fue un niño de 3 años que en 2011 manipuló un arma que cayó al suelo.
Solo en cuatro historias clínicas, de las 27 analizadas, figura el tipo de arma con la que fueron heridos. Se trata de dos calibres 38, una 9 milímetros y un perdigón. Las armas cambiaron con el paso del tiempo. Mientras que antes la mayoría eran calibre 22, ahora predominan las calibre 38, señalaron médicos del Pereira Rossell consultados por El Observador.

Los adolescentes (de entre 13 y 17 años) representan 60% de los casos. Ocho tenían 13 años, y nueve 14, al momento de sufrir la lesión. El niño más pequeño tenía 2 años y fue herido por su padre en 2011.

En cuanto al sexo, los varones superan a las mujeres, con una relación de tres a uno.
Del total de lesionados, 20 pertenecen a Montevideo y hay un caso de 2006 de una niña cuyo domicilio se desconoce, así como quién le causó la herida.

Cuatro de esos 27 murieron. Tres por muerte cerebral y uno por shock séptico. Las edades de los fallecidos eran 9 años, 13 y dos de 14 años. Los niños de 9 y 13 fueron donantes de órganos.

Aunque son frecuentes las heridas en tórax, cuello y abdomen, las más comunes se presentan en el cráneo, con 12 casos sobre el total. Estos pacientes son los que presentan más secuelas luego del alta, como parálisis cerebral, trastornos del habla o hemiplejias.

Cuando un menor ingresa al CTI del Pereira Rossell por una herida de bala, los médicos deben realizar la denuncia policial y notificar al médico forense, sea cual sea el motivo de la herida. El forense es el encargado de evaluar las lesiones y redactar un informe para el juez.
Más de la mitad de los lesionados presentaron trastornos de conducta, fracaso escolar o consumo de drogas. Los más frecuentes son los trastornos de aprendizaje y conducta, seguidos por el fracaso o abandono escolar y el consumo de sustancias. Uno de esos casos es el de un joven de 14 años, que ingresó a UCIN en 2008, tenía antecedentes delictivos y se encontraba en situación de calle.

Los médicos de la unidad reconocen que este tipo de lesiones constituyen una patología que los especializados en emergencia de adultos manejaban mucho más, pero que ha ido aumentando en pediatría. Hasta 2003, el promedio de menores baleados era de uno por año, especialmente por intento de suicidio o accidente doméstico con un arma.

Actualmente, los casos más frecuentes suceden en la calle, generalmente por actos delictivos, de los que a veces los mismos pacientes son responsables.

Esto ha llevado a que los pediatras comiencen a preocuparse por adquirir conocimientos más específicos en balística y en el manejo de heridas de arma de fuego. “En Pediatría nunca nos íbamos a fijar si la bala era calibre 22 porque era un paciente por año. Había un desconocimiento de esa patología porque no se veía. Pero ahora la epidemiología fue cambiando. En los últimos dos meses tuvimos cuatro pacientes con heridas de bala”, explicó un especialista.

La UCI del Pereira cuenta con 25 médicos. Hay cuatro pediatras de guardia por día y cuatro encargados de la coordinación del servicio. Ocho camas son destinadas a cuidados intensivos y 12 a intermedios.

 

Hugo Rodríguez, director de medicina legal, Facultad de Medicina 

“Parecería que las armas estuvieran más naturalizadas” 

“Los datos sobre lesiones en niños deben ser pensados e interpretados, pero da la sensación de que hay más armas en la calle y no solo por homicidios. Parecería que las armas de fuego estuvieran más naturalizadas”, dijo a El Observador el director de Medicina Legal de la Facultad de Medicina, Hugo Rodríguez. Agregó que “en los últimos 10 o 15 años hubo un cambio de patrón en las armas que nosotros vemos. Antes predominaban los calibres 22 y ahora se ve más cantidad de lesiones por calibres más altos, como el 32 y el 38”.
“Cuanto mayor es el calibre se supone que el proyectil tiene más energía. Eso no significa que las armas 22 sean inocentes; son responsables de muchas muertes y heridas difíciles de operar”, afirmó.
Asimismo, explicó que “es importante aclarar que en medicina no se puede inferir el calibre por la forma del orificio de entrada”. “El diámetro de las herida depende mucho más de la elasticidad de la piel que del diámetro de esa bala. Por supuesto que las lesiones dependen de la topografía (no es lo mismo una herida en la cabeza que una en un brazo), pero también de la distancia a la que se disparó”, concluyó Rodríguez.

En el Clínicas atienden cuatro baleados por mes

Los traumatólogos también registraron un aumento en las lesiones por heridas de bala. Entre abril de 2010 y marzo de 2012, el Instituto Nacional de Ortopedia y Traumatología (INOT) atendió un promedio de cuatro pacientes por mes, lo que suma un total de 103 en todo el período. La mayoría de los casos responde a ajustes de cuentas y, así como en niños, los médicos ven heridas provocadas por armas de fuego más potentes que antes. La edad media fue de 27 años, aunque hubo dos picos: uno a los 17 años, con seis casos, y otro a los 25, con siete casos. Durante el primer semestre de 2013 se cometieron 136 asesinatos. La primera causa fue los ajustes de cuentas o asesinatos por conflictos entre criminales, según el Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior. Los médicos calculan que ocurren tres o cuatro casos de heridas por cada muerte.

http://www.elobservador.com.uy

A %d blogueros les gusta esto: