Pereira Rossell atendió al primer niño con VIH multirresistente

Es el hijo de una adolescente que también recibió el virus de su madre

 

Su abuela se infectó hace 30 años, cuando el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) recién empezaba a circular en Uruguay. Su madre lo heredó de su abuela 15 años después, en un momento en que evitar la transmisión materno infantil era todo un desafío para la medicina. Y él lo recibió de su madre en 2012, cuando los especialistas aseguran que está todo dado para que eso no suceda.

Este niño no solo es el representante de la tercera generación de VIH positivo en su familia. También es el primero que nace en Uruguay con una versión del virus multirresistente a buena parte de los antiretrovirales con los que se trata la enfermedad.

Su futuro es “negro”, admite Jorge Quian, director del Centro Nacional de Referencia Obstétrico Pediátrico VIH SIDA del Pereira Rossell. Cuando descubrieron que estaba infectado, los médicos lo trataron con el plan de antiretrovirales que se usa habitualmente. Pero ante la primera prueba se evidenció su resistencia y debieron aplicar un plan alternativo. Aunque esa vez sí respondió, no significa que vaya a hacerlo toda su vida.

La multirresistencia también le fue dada por su madre. Quian explicó a El Observador que la adolescente fue tratada con antiretrovirales que se usaban hace 15 años pero hoy se consideran inadecuados. Además, ahora se sabe que la fórmula del éxito es combinar al menos tres fármacos, pero antes solo se usaba uno. El especialista aseguró que la suma de esas dos cosas determinó la resistencia del niño. “Es un problema gigantesco que está sucediendo en todo el mundo”, advirtió.

Actualmente hay unos 25 tipos de antiretrovirales disponibles, que a su vez se agrupan en “familias”. Cuando un paciente no responde a uno, se debe descartar el uso de todos los fármacos de esa familia. Por eso Quian es tan contundente: el tratamiento de este primer niño uruguayo con VIH multirresistente será cada vez más limitado.

A nivel internacional hay muchas personas con VIH multirresistente que ya no responden a ningún fármaco. “Lo que se hace ahí es acompañar a bien morir”, dijo Quian. La medicina no ha encontrado una solución para ellos.

En Uruguay hay adultos que han adquirido resistencia a varias familias de antiretrovirales, aunque no se sabe con precisión cuántos son. Es “relativamente común”, advirtió el pediatra.

Además de una adecuada combinación de fármacos, para no generar resistencia es clave la “adherencia”: la constancia en tomar la medicación todos los días, la cantidad de veces indicada. Eso es “una complicación” en el tratamiento a niños y adolescentes porque los antiretrovirales tienen feo gusto y causan efectos secundarios. Pero sobre todo en los adolescentes el problema es que les recuerda “el estigma”, y prefieren no tomarlos con tal de que nadie se entere que tienen SIDA.

El caso del primer niño con multirresistencia, así como la tarea que se realiza en el Pereira con los niños y adolescentes infectados, forman parte de un trabajo académico que los integrantes de la policlínica de Quian presentaron en la 11º Bienal de Pediatría, en Colombia. Ganaron el primer premio.

El estudio encontró que entre 1987 y 2011 se atendieron en el Pereira Rossell 1.528 hijos de madre infectada con VIH. Del total de los niños, 82 % serorevirtió (es sano), 14 % se infectó y 3,7 % quedó “expuesto” (no se llegó a combrobar si estaba infectado o no, y se le perdió el rastro). A nivel nacional la tasa de transmisión vertical es alrededor de 5%. Si bien en 1987 era 67%, hoy hay tecnología suficiente para tener una cifra menor. En los países desarrollados es 1%.

Quian enfatizó que para evitar que la mujer transmita el virus a su hijo es fundamental el control gestacional, ya que si se detecta la enfermedad se puede tomar medicación durante el embarazo. l

Adolescentes con VIH: “generación pionera”

“Esta es, en cierto sentido, una generación pionera y tanto los pacientes como el equipo de salud se han visto enfrentados a problemas no vistos con anterioridad”, plantea Jorge Quian y otros especialistas en un trabajo académico al que accedió El Observador. En la policlínica del Pereira Rossell que atiende a niños y embarazadas con VIH están viendo que las niñas que hace 15 años asistieron porque sus madres les habían transmitido el virus, hoy están engendrando a sus hijos.  “Son adolescentes, madres, solas e infectadas con VIH. Es como ir a la guerra con un escarbadientes roto”, expresó Quian, que se mostró preocupado. “Estas chicas sobrevivieron a la pandemia y hoy son las primeras que siendo adolescentes se enfrentan a vivir su sexualidad con una enfermedad de transmisión sexual”, agregó. Con ellas tienen “enormes” desafíos: “Convencerlas de que tienen que tomar los medicamentos y que tienen que decirles a sus parejas que se protejan, y lograr que se enteren de que tienen la enfermedad más discriminadora del mundo”, planteó Quian. Lo que más le inquieta es que aun habiendo estado en contacto con ellas desde que eran niñas, “no se pudo evitar que se embarazaran adolescentes”. Por esa sensación de “fracaso” ahora planean hacer talleres de sexualidad con las niñas que atienden en la policlínica.

 

 

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